ANSIEDAD ANTE LOS EXÁMENES, ¿BENEFICIOSA O PERJUDICIAL PARA MI RENDIMIENTO ACADÉMICO?

Ahora que está apunto de terminar el curso académico, son muchos los estudiantes que han estado o aún están invirtiendo horas y horas buceándo entre sus libros y tablets para poder aprobar el curso, mantener o mejorar sus calificaciones, o intentar obtener una media determinada en los últimos cursos o en la propia EBAU para poder acceder al tipo de formación en la que desean especializarse. Los exámenes constituyen uno de los mayores estresores para los estudiantes, junto con la realización de presentaciones orales en el aula. No es para nada dificil adivinar que esto es debido a que en ambos casos los alumnos se ven expuestos a la evaluación de sus capacidades y conocimientos por parte del profesor y/o de sus compañeros. Y es que, desde nuestro centro, somos testigos del modo en que los niveles de ansiedad aumentan durante el periodo de exámenes en la mayoría de los estudiantes, especialmente entre aquellos que van a finalizar el instituto, independientemente del motivo por el que acudan a consulta.

¿La ansiedad mejora o empeora mi rendimiento académico?

Lo cierto es que no hay una respuesta única y tajante a esta pregunta. La relación existente entre la ansiedad y el rendimiento académico es de tipo curvilínea. Esto implica que hasta un determinado punto o umbral el aumento de la ansiedad ante los exámenes es beneficioso para el rendimiento académico. Así, por ejemplo, si siento un cierto grado de ansiedad ante el examen de física que voy a tener en una semana, esta ansiedad va servirme como motor para comenzar a estudiar antes los contenidos del examen y a dedicar una mayor cantidad de tiempo en el estudio. Del mismo modo, durante el examen esta ansiedad puede ayudar a que me concentre más y a eludir posibles distractores. Sin embargo, si este nivel de ansiedad excede el nivel óptimo de relación entre ansiedad y rendimiento, mi rendimiento académico va a verse negativamente afectado. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, cuando al intentar estudiar los contenidos del examen me resulta complicado concentrarme o empiezo a encontrarme físicamente mal. Durante el examen podría ocurrirme que debido a ese estado de hiperactivación no sea capaz de comprender las preguntas o que me quede en blanco a la hora de responder. Todo esto implica que la relación existente entre ansiedad y rendimiento académico es algo compleja, ya que en función del nivel de ansiedad que estemos sufriendo, ésta puede beneficiar o perjudicar nuestro rendimiento.

¿Cuáles son las principales características de la ansiedad ante los exámenes?

Específicamente, la ansiedad, al contrario de lo que ocurre con otras emociones como la tristeza, es una emoción que se caracteriza por tener una clara proyección a futuro. Esto es, en general, sentimos ansiedad ante aquellas situaciones que aun no han tenido lugar, que por el momento son inciertas y que, por tanto, no tienen un claro desenlace. Así, en el caso de los exámenes esta ansiedad surge principalmente por la incapacidad de predecir, con mayor o menor detalle, cómo será el examen y cómo me saldrá. Otra característica esencial de la ansiedad consiste en que el evento al que tenemos que hacer frente, en este caso los exámenes, es percibido en el mejor de los casos como demandante y en el peor como excededor de nuestras propias capacidades y recursos personales.

Además, debemos tener en cuenta que esta ansiedad ante los examenes puede afectar a la persona que la sufre a diferentes niveles:

  • Nivel subjetivo-cognitivo: el nivel subjetivo hace referencia a la experiencia interna de la persona, de modo que incluye los propios pensamientos y creencias (“voy a suspender”, “me voy a quedar en blanco”, “me voy a poner nervioso y lo haré fatal”, “soy tonto”, “se me da fatal esta asignatura”, “la profesora seguro que quiere suspenderme”, “quizá no me presente, total para suspender”, etc.), así como sus vivencias emocionales (ansiedad, preocupación, miedo, inseguridad, indefensión, etc.).
  • Nivel fisiológico-somático: en este nivel se encuentran enmarcadas todas aquellas alteraciones corporales que tienen lugar como consecuencia de la ansiedad. Estos cambios suele afectar principalmente, aunque no exclusivamente, al aparato respiratorio, cardíaco y digestivo. Así, entre estas posibles alteraciones se encuentran el aumento del ritmo cardíaco o respiratorio, la sensación de opresión en el pecho y/o falta de aire, la reducción o el aumento del apetito, la dificultad para conciliar o mantener el sueño, los mareos y/o las nauseas, la indigestión, la sudoración, los escalofríos, los sofocos, la sequedad de boca, la dilatación pupilar, el incremento de la tensión muscular, los hormigueos en las extremidades o los temblores de manos, entre otros.Es importante tener en cuenta que estas reacciones fisiológicas pueden variar de una persona a otra o incluso en la misma persona en función de la intensidad de su ansiedad.
  • Nivel motor-conductual: este nivel abarca todos los cambios observables de nuestra conducta. Así, pueden aparecer expresiones faciales, gestos o posturas que denoten un estado de inquietud o hiperactivación, así como tics o tartamudeos. También pueden modificarse nuestros hábitos como, por ejemplo, la ingesta de comida o bebidas tanto en horas adecuadas como a deshoras, las horas dedicadas a dormir, aumentarse el consumo de tabaco u otro tipo de sustancias psicoactivas, entre otros. Asimismo, pueden activarse respuestas de lucha (ej. invierto tiempo y esfuerzo en el estudio), parálisis (ej. me entregan el examen y me bloqueo de forma que no comprendo los contenidos) o huida (ej. no me presento al examen).

¿Cómo se relacionan los diferentes niveles entre sí?

El nivel subjetivo-cognitivo es considerado como el elemento central de la ansiedad. Esto es así debido a que es el principal responsable de las respuestas que se pueden generar a nivel somático y conductual. En este sentido, nuestros pensamientos y creencias sobre nosotros mismos, los demás, el propio mundo y las diferentes situaciones a las que debemos hacer frente a lo largo de nuestra vida, determinan qué emociones sentimos y sus correspondientes respuestas somáticas, lo que a su vez da lugar a diferentes formas de actuar o comportarse. Aquí mostramos un esquema ejemplificativo de esta relación:

¿Cuáles son los principales sesgos cognitivos que pueden activarse ante los exámenes?

Los sesgos cognitivos constituyen pensamientos distorsionados, que no se ajustan del todo a la realidad. Estos sesgos están presentes, en mayor o en menor medida, en todos y cada uno de nosotros, y si tienden a hacer su aparición ante los exámenes los niveles de ansiedad de la persona que los sufre pueden aumentarse significativamente durante dicho periodo. Este malestar responde al hecho de que normalmente consideramos que nuestros pensamientos son válidos y veraces por el mero hecho de ser pensamientos, pero lo cierto es que nuestra mente puede llegar a mentirnos con bastante frecuencia. Un primer paso para poder encontrarse mejor pasa por identificar y tomar consciencia de qué sesgos cognitivos pueden estar aumentando innecesariamente mi ansiedad. Por ello, para concluir este post te proponemos el reto de identificar tus propios sesgos cognitivos entre el listado que incluimos a continuación:

  • Sobregeneralización: consiste en interpretar los eventos negativos como modelos de derrota. “Si suspendí el último examen de mate seguro que suspendo este también”. Algunos términos que pueden ayudarnos a identificar este tipo de sesgo pueden ser “todo”, “nada”, “siempre” o “nunca”, por ejemplo “Siempre suspendo matemáticas”.
  • Etiquetación: implica el hecho de atribuirse a uno mismo etiquetas globales a partir de comportamientos o situaciones concretas. Es considerado un tipo específico de sobregeneralización. “He suspendido, soy un estúpido”.
  • Catastrofismo: hace referencia a una predisposición para extraer conclusiones catastróficas de una situación o evento en particular. “He suspendido el examen, me despido de entrar en la carrera de medicina”.
  • Magnificación y/o minimización: supone dar importancia a tus errores y minimizar tus éxitos, así como dar importancia a los éxitos de los demás y minimizar sus errores. Es decir, si tú suspendes, es un fracaso, pero si lo hacen tus compañeros no lo percibes como tal. “He aprobado porque el examen era fácil”, “Has suspendido porque el examen iba a pillar”.
  • Abstracción selectiva o filtraje: radica en poner toda la atención en un detalle determinado, de modo que éste se saca de su contexto. “Me estoy examinando y no recuerdo una pregunta, eso significa que voy a suspender”.
  • Error de adivinar el futuro: implica la creencia de que las cosas siempre van a salir mal, sin plantearse la posibilidad de que puedan ser neutrales o incluso positivas. “Seguro que, aunque estudie un montón no consigo la nota que quiero”.
  • Pensamiento dicotómico o polarizado: tiene lugarcuando las experiencias propias o las de los demás se categorizan en opciones o categorías opuestas (ej. bueno o malo, positivo o negativo, posible o imposible, éxito o fracaso). “Si no saco un 9 o un 10 en el examen seré un fracasado”.
  • Los debería: este sesgoabarca todas aquellasautoexigencias, que como tal son autoimpuestas, y que hacen que percibamos erróneamente determinadas situaciones como obligaciones en lugar de como deseos. “Debería sacar la nota más alta de la clase”, “Debería sacar mínimo un 8” o “Debería poder estudiarme el temario en menos tiempo como hace María”.
  • Razonamiento emocional: ocurre cuandolas opiniones sobre uno mismo o sobre algo relacionado con nosotros mismos se forman basándose solamente en las emociones experimentadas. “Si estoy nerviosa, es porque no me sé tan bien el temario como yo creía”.
  • Inferencias arbitrarias: hace referencia al hecho de extraer conclusiones a partir de premisas falsas o de un pensamiento ilógico. “Se me ha olvidado mi boli de la suerte, seguro que suspendo”.
  • Lectura de mente o interpretación del pensamiento: implica realizarinferencias sobre los pensamientos, intenciones y sentimientos de los demás, sin tener una base sólida que las justifique. “La profesora se ha quedado parada a mi derecha mientras hacía el examen, seguro que ha visto que he hecho algún ejercicio mal”.

¡Desde Psicología Amorebieta os enviamos mucho ánimo y ansiedad adaptativa a todos los que aún estáis inmersos en los exámenes!

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