¿Mi cerebro cambia? El fenómeno de la neuroplasticidad.

Aunque todos los cerebros parezcan iguales, hay muchas diferencias entre unos y otros. Es cierto que estructuralmente se pueden asemejar, pero si se analizan en mayor profundidad podremos ver que cada uno tiene circuitos neuronales diferentes. Pero no nacemos con esos circuitos neuronales, los vamos creando con nuestras experiencias, vivencias y cambios, lo que hace que cada cerebro sea diferente. Ese fenómeno se conoce como neuroplasticidad o plasticidad cerebral. Por lo tanto, la neuroplasticidad se refiere a la manera en la que nuestro sistema nervioso cambia a partir de nuestra interacción con el entorno. Esto significa que no es un mecanismo puntual, sino un suceso constante. Pero, ¿cómo sucede? Cuando un grupo de neuronas se activan a la vez por algún estímulo, se mandan información entre sí. Si esto sucede con más frecuencia, la unión que crean entre ellas es más intensa, originando una mayor predisposición para mandarse información entre sí. Por poner un ejemplo, si las neuronas se activan al reconocer el estímulo visual de una porción de bizcocho al mismo tiempo que se encienden las neuronas que se activan al experimentar el sabor dulce, los dos grupos de células nerviosas se conectarán entre sí, modificando o cambiando un poco el cerebro. Esto sucede con cualquier experiencia. Es por ello, que nuestro cerebro está cambiando e interconectándose continuamente. Gracias a este constante funcionamiento tenemos la capacidad de inventar y crear nuevas tecnologías, aprender un lenguaje, etc. ¿Y qué pasa si hay una lesión cerebral? Las lesiones cerebrales pueden producir un déficit de dos maneras, una lesión local en el área, o lejana espacialmente por la interrupción de la...

Parosmia, trastornos olfativos desatendidos

A raíz de la aparición en nuestro día a día del SARS-COV-2 o COVID-19 y los síntomas y secuelas que puede dejar en nosotros, hemos empezado a valorar más lo que tenemos, entre otras cosas el poder oler. Un sentido tan básico pero al mismo tiempo muy importante el cual su función principal es vigilar el entorno humano y proporcionar una vía de escape en situaciones peligrosas. En la vida cotidiana tiene un papel fundamental, como por ejemplo, ayudarnos a detectar si un alimento no es comestible o si tenemos algo en el fuego que se está quemando. El olfato es un sentido fundamental pero posiblemente el sentido considerado de menos interés. A consecuencia de la COVID-19 se han dado a conocer un poco más los trastornos del olfato, y muchas personas le han podido poner nombre a esa pérdida olfativa y/o cambio olfativo que han padecido. Los trastornos del olfato se pueden clasificar en dos grupos, la disfunción cuantitativa, en la cual estarían la hiposmia y anosmia; y la cualitativa (parosmia y fantosmia). La hiposmia y la anosmia son dos alteraciones del olfato que más se han conocido en estos dos años, siendo la hiposmia una pérdida parcial del olfato, y la anosmia una incapacidad total para percibir los olores. ¿Qué pasa si el problema no es la falta de olfato, sino que identificas un olor diferente al correspondiente? ¿Qué sucede si los huevos fritos te huelen a gasolina y la gasolina a huevos fritos, por ejemplo? Es una disfunción olfativa que algunas personas pueden percibir y el cual tiene nombre, parosmia.  La parosmia es una percepción del...