Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF)

Los trastornos del espectro alcohólico fetal (TEAF) son un grupo de afecciones que pueden ocurrir en un bebé cuya madre bebió alcohol durante el embarazo (estudios preliminares muestran que incluso hasta 9 meses antes de que ocurra la concepción). Estos efectos pueden incluir problemas físicos, problemas de comportamiento y de aprendizaje, si bien ningún síntoma supone, por sí mismo, la constatación de que se da un TEAF. A menudo, una persona con un trastorno del espectro alcohólico fetal tiene una combinación de estos problemas. Dentro de estos trastornos, se comprenden 5 síndromes principalmente: el síndrome de alcoholismo fetal (SAF), el síndrome de alcoholismo fetal parcial (SAFp), el trastorno del desarrollo neurológico relacionado con el alcohol (TDNA), un trastorno neuroconductual asociado con la exposición prenatal al alcohol (ND-PAE) y los defectos de nacimiento relacionados con el alcohol (DNRA). Sin embargo, el DSM-V (el manual diagnóstico más usado en psicología y psiquiatría) sólo contempla el diagnóstico de ND-PAE, que abarca las áreas de comportamiento y salud mental del TEAF con y sin dismorfología física y requiriéndose para ello el deterioro en tres dominios funcionales: neurocognitivo (déficit en el rendimiento intelectual global, funcionamiento ejecutivo, aprendizaje, memoria y  razonamiento visoespacial), autorregulación y adaptativo. Los déficits asociados a estos dominios son heterogéneos y complejos y no existe un patrón único que se aplique a todos los afectados (Doyle y Mattson, 2015). Todas las condiciones que comprenden los trastornos del espectro alcohólico fetal se derivan de una causa común, que es la exposición prenatal al alcohol. El alcohol es extremadamente teratogénico (un agente teratogénico es una sustancia, agente físico u organismo capaz de provocar un defecto congénito durante la...

La Afantasía

A menudo creemos que el resto de seres humanos perciben y procesan los estímulos de igual manera a como lo hacemos nosotros mismos, y cuando observamos a una persona que lo hace de forma diametralmente opuesta a la nuestra tomamos conciencia de lo diferente que puede ser el proceso perceptivo en otros. Esto sucede, por ejemplo, en el caso de la Afantasía (“aphantasia” en inglés), donde la persona en cuestión no tiene la capacidad de imaginar nada, y cuyo pensamiento a menudo se convierte una suerte de silogismos concretos y manipulativos. Quizás al resto de seres humanos, que nos basamos en nuestros pensamientos e imaginación para llevar a cabo incluso la tarea cognitiva más simple y llana, esto se nos hace precisamente difícil de imaginar. Tanto es así, que a día de hoy sabemos que las imágenes mentales que tenemos casi “sin querer” y continuamente, condicionan sobremanera no sólo lo que percibimos, sino también hacia dónde orientamos nuestra atención, qué elementos del mundo exterior a nuestra psique nos motivan, etc. En definitiva, hacia dónde vamos cognitivamente. Y esto sucede casi sin pensar, sin querer y sin poderlo remediar conscientemente, no al menos con poco esfuerzo cognitivo si queremos modificarlo. Pero, aún hay más, y es que debemos saber que cuando imaginamos o pensamos en algo, se activan las mismas áreas del cerebro que si estuviéramos percibiendo realmente ese algo, con toda su activación. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Pero hay más, volviendo a cómo lo que pensamos e imaginamos modifica nuestro sistema cognitivo, ya que cambian completamente nuestro discurrir, hasta el punto de que condicionan todas nuestras decisiones...

El “mágico” neurodesarrollo

Este fenómeno llamado neurodesarrollo (otros lo llaman desarrollo psicomotor), constituye uno de los más desconocidos fenómenos neurobiológicos de nuestros tiempos, si bien sabemos mucho más de lo que alcanzaríamos siquiera a entender hace 20-25 años. Esta eclosión de conocimiento en este área se ha dado gracias a la irrupción de nuevas técnicas para la observación del “interior” neurológico de los seres humanos, pero sobre todo, por el refinamiento de las mismas y la mejora en la resolución que nos ofrecen. Dicho de otra forma, hoy en día tenemos técnicas que no sólo nos permiten ver más, sino mejor “el interior” de lo que sucede en nuestros cerebros; también cuando éste se está desarrollando, en los primeros años de vida (e incluso en el mismo proceso desarrollo uterino). Sin embargo, aún queda mucho por desentrañar y conocer, en especial cuando de un neurodesarrollo atípico se trata, o incluso de cómo y por qué se generan los diferentes trastornos del neurodesarrollo (TN), que no resultan tan visibles ni constatables ni siquiera en las nuevas pruebas de neuroimagen. Esto ha supuesto una excusa para decir que algunos de los TN son inventados y que verdaderamente existen, nada más lejos de realidad: no sólo existen, sino son tan complejos y heterogéneos que medirlos, sea con la técnica que sea o de la forma que sea, resulta una tarea complicada. Más aún sacar de esos patrones de funcionamiento cerebral una posible regla que reúna y describa el funcionamiento de los cerebros de los que padecen un TN. Teniendo en cuenta que cada uno de nuestros cerebros (típicos o no) ya resultan altamente complejos y...

El (supuesto) síndrome del niño estresado: la sobreocupación infantil

La semana pasada, un padre preocupado, nos preguntaba en torno a este síndrome de nombre curioso. Y es que, a menudo, socialmente (en este caso grupos de whatsapp del cole, corrillos de padres de compañeros del aula de nuestros hijos, etc.) se generan y acuñan términos y explicaciones que, lejos de la evidencia científica, intentan dar solución a las preocupaciones que tenemos. En otras ocasiones, son los medios de comunicación los que generan esa preocupación, como es este el caso. Sea como fuere, esto se ve agravado por la poca formación que tenemos en emociones y en cómo gestionarlas, en torno a nuestro funcionamiento psicológico y cognitivo, así como en la crianza y la paternidad de nuestros hijos. Además, con la llegada de este confinamiento y casi la parada en seco de las actividades infantiles (con el deporte escolar y las extraescolares suspendidas), la sensación de estar estimulando insuficientemente a nuestros más pequeños se ha acrecentado. Vamos a ir pregunta por pregunta resolviendo algunas cuestiones: ¿Qué es eso del síndrome del niño estresado? Se ha venido a llamar así socialmente a un supuesto síndrome donde el niño se ve sobreocupado de actividades y no tiene tiempo ni siquiera para ser niño y hacer lo que hacen todos los niños: jugar y desarrollarse mediante esta actividad, que recordemos que en ellos es básica e imprescindible. Algo así como la siguiente figura: ¿Pero los niños sufren de estrés y ansiedad? Aunque pudiera parecernos una pregunta absurda, no lo es. Y es que si ya habitualmente tenemos un defecto de conocimiento en torno a nuestro funcionamiento psicológico, es habitual encontrar personas que...
El “arte” de la terapia

El “arte” de la terapia

No cualquier psicólogo ni terapeuta lleva a cabo una buena terapia, da igual si esta es psicoterapéutica, neuropsicológica o del tipo que sea. Y es que, además de una buena cualificación profesional (más allá del grado universitario), hace falta también unas cualidades personales, así como cierto trabajo personal con el que seguir formándose, saber qué técnicas usar y cuáles no, etc. Pero, ¿cómo detectar a quien no sabe hacer psicoterapia? Aunque a priori esto pueda parecer complicado para un paciente, hay algunas claves que pueden ayudarnos a detectar a quien practica el intrusismo profesional. Habilidades personales El psicoterapeuta (usamos indistintamente psicólogo y psicoterapeuta, aunque algunas entidades llaman a sus profesionales terapeutas con el objetivo de confundir a los pacientes y hacer ver que son psicólogos, cuando muchos no lo son) es un profesional observador y oyente, sobre todo. Es imprescindible que entienda y asimile cómo se comporta el paciente, sus valores, cómo es… cosa que el paciente manifiesta no sólo en los hechos que relata, sino también en cómo lo cuenta: el tono de voz, las palabras que usa, los gestos y las miradas, etc. Por ello, en muchas ocasiones, el psicoterapeuta se mantiene callado, más tiempo incluso del que se pasa hablando, porque el protagonista principal es el paciente, y es él quien (mediante las herramientas que le pueda ir dando el profesional) quien realizará los cambios. El psicólogo es un intermediario entre el paciente y su mejora. Por ello, a menudo el motivo por el que el paciente viene a consulta es sólo la punta del iceberg, un punto desde el que partir, pero subyace toda una...