El Cuidador Descuidado

Cuando se habla de cuidado, en la mayoría de los casos se nos viene a la cabeza la acción que se ejerce sobre una persona dependiente, vulnerable o frágil, que demanda cierta atención o asistencia, como por ejemplo, sucede en los casos de las personas que padecen enfermedades neurodegenerativas, como la Enfermedad de Alzheimer. El cuidador principal de estas personas, suele ser algún familiar cercano, quien se encarga de asistir a la persona. Sin embargo, ¿quién cuida a los que cuidan? Estos familiares cuidadores tienen un mayor riesgo de experimentar una sobrecarga. También el profesional cuidador puede padecer fatiga por el trabajo sostenido pero, en estos casos, siempre hay cierta separación emocional, al contrario de lo que sucede con los primeros, debido al vínculo existente. El familiar cuidador no elige la situación y su vida cambia radicalmente. Esta situación puede llegar a generar cansancio físico e inestabilidad emocional, provocando ciertas reacciones afectivas como tristeza, ira y/o culpabilidad debido a ciertos pensamientos como “no puedo más” o “esto me supera”. En consecuencia, la persona cuidadora podría llegar a desarrollar ciertos tipos de trastornos psicológicos como insomnio, ansiedad, estrés y/o depresión. Lo anterior, aparte de ser dañino para la propia salud física y psicológica del cuidador, también tiene resultados contraproducentes en la persona a la que se cuida. Varios estudios han evidenciado que cuando la persona a cargo del cuidado presenta un adecuado estado de salud (físico y mental), éste repercute positivamente en la persona dependiente, pudiendo incluso llegar a ralentizar el deterioro cognitivo. Es por esto que se hace indispensable dotar a la persona cuidadora de habilidades de afrontamiento y...