¿Lo recuerdo?

Cuando recordamos habitualmente creemos revivir acontecimientos tal y como ocurrieron. Pero, ¿es esto así realmente? ¿Conocemos cómo funciona nuestra memoria? A nivel anatómico la memoria no se localiza en una zona concreta de nuestro cerebro. Es decir, no existen zonas exactas en las que se localicen recuerdos específicos, sino que la memoria divide la experiencia en imágenes, sonidos, emociones etc.,  y cada una de ellas es almacenada en la zona del cerebro correspondiente; sonidos en el cortex auditivo o imágenes en el cortex visual por ejemplo. Después,  el control superior es llevado a cabo por el hipocampo, siendo éste el que reagrupa todas las partes para crear un recuerdo completo (National Geographic, 2014).  Por otra parte, además de entender los correlatos neurológicos que subyacen a la memoria, es importante también saber que lo que recordamos no es necesariamente el resultado de la codificación original de un acontecimiento únicamente. De hecho, como el objetivo último de nuestro cerebro es buscar la supervivencia a toda costa, a veces para conseguirlo es capaz de sustituir la información que le falta por fantasías y confabulaciones.  Oliver Sacks (2009) relató un ejemplo de este fenómeno vivido en primera persona; Él aseguraba recordar cómo cuando era pequeño y estando jugando en el jardín de su casa, pudo presenciar un bombardeo en el que se veían trozos de metal estallando por el aire. Al compartir este hecho con su hermano mayor, éste le aclaró que lo que él creía recordar era realmente un falso recuerdo. Oliver no pudo presenciar el bombardeo ya que en ese momento se encontraba con su hermano mayor, ambos fuera de peligro. Lo que Oliver recordaba...

CEREBRO Y AMOR

¿Qué es el amor? ¿Por qué nos enamoramos? ¿Cuáles son los procesos cerebrales que nos llevan a sentirlo? El amor es una emoción social, que al igual que los celos, la envidia o la empatía, surge de un contexto social determinado y necesita del análisis de terceros para ser entendido apropiadamente (Chóliz y Gómez, 2002).  Aunque hay varias formas de sentir amor (parental, fraternal, amistad etc.), en este artículo nos centraremos en el amor romántico, y en concreto, en los cambios cerebrales que se dan en la fase del enamoramiento. Ortega y Gasset (1939) se refería al enamoramiento como “un estado de imbecilidad transitoria” o “un estado de miseria mental en el que la vida de nuestra conciencia se empobrece, se estrecha y paraliza”. Aunque ésta es una concepción bastante negativista, lo cierto es que el enamoramiento acarrea cambios emocionales y cognitivos, que aunque son de carácter transitorio, pueden llegar a tener mucha repercusión en nuestro día a día. Entre ellos, encontramos: alteraciones perceptivas, atencionales, ejecutivas, aumento de hiperactividad e impulsividad o síntomas somáticos como trastornos del sueño, alteraciones de la ingesta o trastornos neuroendocrinos/neuroquímicos. Muestra de estos efectos es que cuando estamos enamorados, tendemos a ver a nuestras parejas más bellas de lo que realmente son. De hecho, los experimentos que han analizado este fenómeno han podido constatar que cuando enseñas tres fotos de su pareja a alguien enamorado, una foto real y dos versiones mejoradas (aumentando la simetría facial mediante photoshop), estos escogen la foto más retocada como la más asociada a la imagen de su pareja. En cambio este fenómeno no ocurre cuando presentamos fotos de familiares...

Mitos y curiosidades en psicología

¿Sabías que nuestro cerebro está compuesto por casi cinco millones de kilómetros de conexiones neurales? ¿Y que el mero hecho de sostener un lápiz con los dientes produce efectos similares a los de la sonrisa, haciendo que por ejemplo los chistes nos parezcan más graciosos? ¿Conocías a caso la condición llamada “sinestesia”, debido a la cual las personas que la padecen pueden oír sonidos concretos al ver determinados colores, u oler ciertos olores al oír determinados sonidos?  Pues al igual que podemos encontrar grandes curiosidades como las mencionadas, la psicología popular también está llena de mitos muy arraigados en nuestra sociedad. En este post intentaremos desmentir algunas creencias relacionados con las diferentes etapas vitales.  Escuchar música clásica durante el embarazo mejora la inteligencia de los bebés: En 1993, la revista Nature publicó un artículo en el que se demostraba mediante un experimento, como al escuchar diez minutos de una sonata para piano de Mozart, el CI de los evaluados se incrementaba en 8-9 puntos, efecto que no ocurría al escuchar música relajante o en ausencia de música. Más tarde, a este fenómeno se le denominó efecto Mozart. Aunque el experimento no implicaba mejoras a largo plazo ni se relacionaba con los bebés, la prensa popular y los fabricantes de juguetes se hicieron eco de la noticia, y la venta de cassetes y CDs con el efecto Mozart dirigido a bebés creció como la espuma, llegando en 2003 a vender más de 2 millones de ejemplares. Sin embargo, diversos investigadores que posteriormente intentaron replicar los descubrimientos originales, no lograron encontrar ningún efecto. La conclusión que se ha obtenido con todo esto es que el efecto...