Las compras compulsivas: “¡Quiero más!”

Es indudable que estamos en una época en la que el consumo es un modo de vida. A los escaparates y anuncios tradicionales, se les ha sumado internet como ventana de publicidad de los productos.  Esto último es muy peligroso ya que da acceso a todo tipo de tiendas y productos antes difíciles de conseguir debido a la distancia física,  reduciendo mucho el tiempo que uno dedica a comprar con unos simples “clicks” del ratón o el dedo. Además existe otro factor relevante a la hora de comprar y es la presencia de publicidad en las redes sociales que manejan los jóvenes, especialmente los adolescentes, que siguen a sus “influencers” favoritos en busca de referentes y las marcas utilizan a estas figuras como escaparates de publicidad. Otro aspecto que es importante es la facilidad de crédito, es decir, hoy en día es relativamente fácil financiar un estilo de vida que uno no tiene y acumular una deuda que se puede pagar más adelante.  La compra compulsiva comparte características con el bajo control de los impulsos y las adicciones sin sustancia. Con este último se observan características como el deseo intenso o craving por comprar, placer momentáneo cuando se compra además de malestar tras la propia compra y sensación de pérdida de control. Las fases que le suelen seguir son las siguientes (W.Black, 2007): Anticipación: Momento en el que la mente se llena de deseo, ansiedad o preocupación por el acto de comprar en si mismo o por lograr un determinado objeto. Preparación: Se prepara para comprar, decidiendo que va a comprar, donde lo va a  hacer e incluso cómo va...

El crítico en mí

Dentro de nosotros tenemos un juez interno que mide y juzga todas nuestras actuaciones. Cuando realizamos algo con lo que no estamos del todo satisfechos, ese juez interno sale y nos indica en qué hemos fallado. Este juez, puede ser benevolente o un tirano. La autocrítica es importante para que podamos medir bien nuestra manera de comportarnos ante los demás y poder presentar un comportamiento que cumpla con los estándares sociales de actuación. Esta manera de juzgar nuestro funcionamiento es importante para que podamos percibir que somos eficaces a la hora de enfrentar los distintos eventos del día a día y esta sensación de eficacia es lo que refuerza nuestra autoestima. En cambio, a veces la autocrítica se orienta más a reforzar una baja autoestima, es decir, que la autocrítica no tiene resultados funcionales, sino que está más orientada al menosprecio de uno mismo. Esto ocurre cuando ese juez interno solo fija su atención en aquellas conductas inadecuadas y nunca es consciente de aquello que hace bien, menospreciando la importancia de las acciones con resultados positivos, dando una explicación que tiene más que ver con el azar que a su propia actuación. Además, se atribuye consecuencias que a veces escapan del control de la persona y que está más relacionado con factores que tienen que ver con otros o el azar. Otra manera de menospreciarse, es la percepción de que “lo que se hace bien es porque así debería de serlo” y lo que se hace mal se juzga con extrema dureza. Cada mínimo detalle negativo es una confirmación del propio fracaso y los positivos son objetivos demasiado fáciles...

Expectativas en la terapia

Es difícil tomar la decisión de acudir a terapia psicológica por primera vez. Las dudas iniciales pueden plantearse en torno a que se considera que no hay un suceso lo suficientemente justificado como para que explique cómo se siente o por no saber qué esperar de la visita al psicólogo. Muchas veces, acuden cuando los síntomas están agravados. Otra veces, acuden derivados a través de otros servicios médicos o empujados por personas del entorno. Las personas somos muy distintas y cada una tiene sus propias características y motivaciones internas y debido a estas, no se puede plantear una estructura clara en cuanto a la terapia psicológica.  En un principio, cuando la persona llega a terapia, lo hace con ciertas expectativas. Respecto  a la duración de la terapia, a veces, acuden esperando  que las cosas se solucionen en una única consulta o que como mucho se alargue unas pocas sesiones. En ocasiones, se sorprenden cuando se les explica que las sesiones pueden alargarse en el tiempo y otras veces, a medida que pasan las sesiones, descubren que el proceso es más largo de lo que pensaban en un inicio.   Otro aspecto relevante es el objetivo que buscan a la hora de acudir a terapia. El trabajo durante la psicoterapia implica, por un lado, el alivio de los síntomas y, por otro lado, el trabajo en profundidad de las emociones y las situaciones que está viviendo la persona.  Hay personas que son más reflexivas y buscan realizar un trabajo de introspección en varios aspectos que les preocupa cómo los conflictos interpersonales, la autoestima, miedos más profundos, etc. Otras personas solo tienen...

Dificultades para dormir bien

Dormir es esencial para poder sobrellevar las obligaciones del día a día e imprescindible para la supervivencia del organismo. La tendencia natural de los ritmos circadianos se organiza en función de las 24 horas del día y se mantiene a pesar de las circunstancias dependientes de la salud, edad o el contexto socio-cultural y laboral. Estos ritmos se estructuran en función de la luz solar, no obstante, la introducción de la luz artificial, ha provocado la ruptura de los ritmos naturales, tanto en el ocio como en el trabajo o estudio, lo cual ha afectado a los procesos naturales de sueño-vigilia. (Carskadon, 2001). La interrupción del ciclo de sueño vigilia, puede afectar al rendimiento diario y al estado emocional. Las incidencias relacionadas con el sueño son muy habituales y están muy extendidas entre la población. Entre los problemas más frecuentes en relación con el sueño nos encontramos la dificultad para conciliarlo, la interrupción frecuente del mismo o despertares tempranos. En el aspecto psicológico, estos problemas pueden desencadenar síntomas como ansiedad, irritabilidad, impaciencia o depresión. En los aspectos cognitivos, se relacionan con el enlentecimiento motor, las dificultades de memoria, la menor capacidad de adaptación y la dificultad para concentrarse en las tareas del día a día (Marín, Franco, Tobón y Sandin, 2008). Otras consecuencias que se han estudiado son las relacionadas con la salud, ya que la falta de descanso, lleva a la disminución de respuestas eficaces de afrontamiento del organismo ante los cambios, derivando en problemas de salud (Miró, Iañez y Cano-Lozano, 2002). Son diversos los factores que pueden llevar a una persona a sufrir dificultades a la hora...

¿Por qué percibimos y afrontamos una misma realidad de distinta manera?

Para empezar, decir que es la evaluación cognitiva de la situación lo que determina como respondemos emocionalmente, es decir, no es la propia situación o estímulo si no la interpretación que se hace. Otras veces, es la emoción lo que suscita los pensamientos. Una emoción es una experiencia multifactorial ya que implica diferentes niveles de activación de placer o desagrado, está asociado a experiencias y motivaciones internas y también esta mediado por factores contextuales o culturales. A veces, nos preguntamos porque uno tiene tendencia a los pensamientos o afectos negativos y porque es tan difícil deshacerse de ellos. Esto es porque la mente humana se desarrolló para estar preparada para identificar las situaciones amenazantes, debido a que no hacerle caso puede suponer un peligro real para uno mismo. Por esto, el afecto negativo suele perdurar en el tiempo mientras que los periodos en las que predominan los afectos positivos son más cortos. La flexibilidad emocional es también un factor importante que determina en qué medida uno puede adaptarse a las diversas demandas del entorno y en consecuencia puede modular las conductas o las actitudes hacia ellas. Esto es importante para poder adaptarse a situaciones especialmente complejas (discusiones de pareja, presión en el trabajo, etc.).  Las personas con escasa tolerancia al malestar, tienen tendencia a mostrar estrategias de evitación de la emoción. En consecuencia, se perciben como más catastróficas. Por el contrario, las personas con alta tolerancia a la frustración y al malestar, muestran una mayor predisposición a exponerse a estas situaciones y a percibirlas con un mayor afecto positivo. Cuando percibimos que las cosas nos afectan especialmente y reaccionamos...