La importancia de llorar

Cuando nos sentimos mal, sentimos emociones que producen malestar. El lloro es una estrategia para sobrellevar estas emociones y es una manera de procurar nuestra regulación emocional. Llorar no es agradable para nadie, pero el llanto, junto a la tristeza tiene un efecto reparador ya que sirve para descargar el estrés o la angustia. A demás, tras esta explosión emocional, suele venir una mejoría en el humor. Por otro lado, llorar es parte del proceso de sanación en muchas situaciones como, por ejemplo, en duelos (perdida de trabajo, la muerte de un ser querido, rupturas de pareja, cambios vitales, etc.) o puede ser simplemente una reacción ante la emoción que nos ha trasmitido una situación (alegría, emotividad, rabia, etc.). A algunas ocasiones las personas optan por diversas estrategias de evitación. A veces, las personas que padecen sintomatología depresiva o ansiosa o simplemente se encuentran mal por alguna circunstancia determinada en su vida, tienden a sentir que están tristes y que, para estar mejor, tiene que dejar de sentirse de esa manera. Por esta razón, se tiende a luchar contra las emociones y se trata de mantener “a raya” las emociones intensas negativas. Además, se suele tener la creencia errónea de que el camino hacia la mejoría es “aguantar”. Al final, lo que se logra es que la persona se mantenga en una línea fina que no lleva a la mejoría, pero tampoco se permite caer, ya que la idea de caer a “un pozo” sin salida asusta mucho. Al contrario, si se trata de la alegría, no hay problema en expresarlo y dejarse llevar por esta emoción. Esta es...

“El síndrome del impostor”, cuando nos convertimos en nuestro mayor enemigo

El concepto del “síndrome del impostor” es un término que se utiliza como referencia a cuando se siente que no somos merecedores de nuestros méritos. Cuando se tiene éxito, no se entiende dicho éxito como parte de un esfuerzo personal si no como algo que surge por casualidad o por suerte. Por ejemplo, si a uno es seleccionado en un puesto de trabajo, tiene la creencia de que ha sido porque en realidad no saben o no han descubierto defectos que solo uno mismo conoce y que se espera que nunca lleguen a descubrirlo. El miedo a “ser descubierto”, es aquello que genera el malestar. Los que se sienten unos impostores se muestran muy benevolentes con los demás y tienden a compararse constantemente con ellos, saliendo perdedores de todas las comparaciones. No aceptan cuando se les hace una valoración positiva o hay evidencias externas de habilidades personales. Esto es una situación habitual cuando se enfrenta a eventos que puedan suponer un cambio importante como en la universidad, la entrada en el mundo laboral o al afrontamiento de un nuevo trabajo. No hace falta que la persona sea extremadamente perfeccionista o muy autoexigente para sentir esto. Esto se debe a la tendencia a atribuir estos méritos a cuestiones como la suerte, las habilidades sociales, errores en la percepción de otros y las circunstancias. Al final, no es más que la externalización de los logros y la dificultad para aceptar las habilidades personales. El proceso que sigue la línea de pensamiento es el siguiente. Cuando la persona tiene en sus manos alguna responsabilidad, viene la preocupación. La respuesta a la preocupación...

Cuando la hora de comer se convierte en una pelea con los hijos/as

A veces, la alimentación de los hijos/as es un motivo de preocupación muy grande para los padres. Lo que desemboca en conflictos. Lo más habitual es que los hijos se levanten de la mesa constantemente, que no prueben bocado o que se quejen porque la comida no les gusta, prefiriendo solamente un tipo de alimentación determinado. La consecuencia más habitual suele ser que los padres acaben enfadándose o anticipando el “desastre” que va a ser la hora de la comida. Incluso se puede temer que la situación acabe en un trastorno de alimentación. En este artículo, se ofrecerán pautas generales para intervenir para que sirva de ayuda a las familias. Cuando los hijos son pequeños y se les trata de introducir nuevos alimentos, puede producirse un rechazo. Incluso puede ocurrir que debido a la ansiedad de los padres porque sus hijos ingieran algún alimento les lleve a sustituir estos por una comida que les guste. En este sentido, lo único que se logra es cambiar el propósito de “comer sano y variado” por simplemente “comer algo”. Además, si el niño o niña come lento y poco, se tiende a presionarles para que coman más rápido, habitualmente debido a que los horarios o los ritmos que los adultos manejan, son incompatibles. Si al anterior conflicto se le suma que el hijo/a se levanta constantemente, añadimos el problema respecto a los protocolos o etiqueta a la hora de comer, lo que convierte la comida en una persecución constante. A continuación, se mencionarán algunas pautas que podrían ser útiles cuando comen despacio, cuando comen poca variedad de alimentos y para cuando se...

MI HIJO/A NO DUERME SOLO/A

Una demanda que los padres traen frecuentemente a consulta es la dificultad de los hijos para dormir. A menudo, para poder dormir y descansar, los padres llevan a sus hijos a dormir con ellos. Además, algunos padres defienden la idea de la crianza natural, fomentando el colecho.  El problema viene cuando el colecho se convierte en dependencia, alejándose de la idea de crianza natural o cuando uno de los padres no está de acuerdo con ese sistema. Cuando esto se convierte en un problema que se alarga en el tiempo, es cuando llega la decisión de acudir a terapia. En este artículo no se pretende hacer una crítica hacia el colecho si no de ofrecer pautas para que los  niños se acostumbren a dormir solos. También hay otros factores que pueden influir en el sueño de los hijos como dificultades emocionales, problemas familiares, dificultades en la escuela, etc.  Conseguir que los hijos duerman en su cama toda la noche sin miedos puede ser una tarea muy costosa. El niño desarrolla un temor intenso a dormir solo y aprende que la única manera de hacerle frente es estar con sus padres y cuando no está con ellos siente mucha inseguridad. La repetición de este círculo provoca que el miedo se refuerce cronificando la situación. Habitualmente esto desemboca en que un miembro de la pareja acabe durmiendo en otra habitación o en el sofá. Además, también conlleva que los niños no deseen dormir fuera de su casa como en campamentos, en casa de amigos, etc, elementos que van cobrando importancia a medida que se hacen más mayor y de las que...

Las compras compulsivas: “¡Quiero más!”

Es indudable que estamos en una época en la que el consumo es un modo de vida. A los escaparates y anuncios tradicionales, se les ha sumado internet como ventana de publicidad de los productos.  Esto último es muy peligroso ya que da acceso a todo tipo de tiendas y productos antes difíciles de conseguir debido a la distancia física,  reduciendo mucho el tiempo que uno dedica a comprar con unos simples “clicks” del ratón o el dedo. Además existe otro factor relevante a la hora de comprar y es la presencia de publicidad en las redes sociales que manejan los jóvenes, especialmente los adolescentes, que siguen a sus “influencers” favoritos en busca de referentes y las marcas utilizan a estas figuras como escaparates de publicidad. Otro aspecto que es importante es la facilidad de crédito, es decir, hoy en día es relativamente fácil financiar un estilo de vida que uno no tiene y acumular una deuda que se puede pagar más adelante.  La compra compulsiva comparte características con el bajo control de los impulsos y las adicciones sin sustancia. Con este último se observan características como el deseo intenso o craving por comprar, placer momentáneo cuando se compra además de malestar tras la propia compra y sensación de pérdida de control. Las fases que le suelen seguir son las siguientes (W.Black, 2007): Anticipación: Momento en el que la mente se llena de deseo, ansiedad o preocupación por el acto de comprar en si mismo o por lograr un determinado objeto. Preparación: Se prepara para comprar, decidiendo que va a comprar, donde lo va a  hacer e incluso cómo va...