Celos en la infancia

Miedo, alegría, rabia y tristeza son las consideradas emociones básicas, pero experimentamos muchas más. Sentir emociones es lo que nos hace humanos, además poder racionalizarlas hace que nos diferenciemos del resto de mamíferos. Entendemos la emoción como una experiencia multidimensional que afecta al menos a tres sistemas de respuestas: cognitivo, conductual y fisiológico. Cualquier proceso psicológico conlleva una experiencia emocional de diferente intensidad y cualidad y todas las emociones tienen alguna función y utilidad, hasta las más desagradables tienen funciones importantes de adaptación social y ajuste personal.

Lo más característico de las emociones sociales como los celos, la envidia, la empatía… es que adoptan sentido en su relación con los demás. También se las considera emociones secundarias ya que se experimentan y están formadas a partir de emociones básicas o primarias. Los celos son una emoción universal, que se vive como desagradable y que se experimenta desde la niñez hasta la edad adulta.

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En este blog nos vamos a centrar en los celos que se experimentan en la niñez.

Los expertos definen los celos en la infancia como “una reacción irracional compuesta de tristeza, pérdida de autoestima y enemistad hacia un rival, unida a autocrítica”. Además, es importante que distingamos entre celos y envidia, los celos se experimentan ante el miedo a perder un objeto querido y la envidia se experimenta ante algo que tiene el otro y nosotros nunca tuvimos. Los celos ante la llegada de un hermano son prácticamente inevitables y aunque la forma de presentación, la duración y la intensidad es muy variable, es algo prácticamente inherente, sobre todo si era hijo único. Tampoco nos debe extrañar que los niños experimenten esta rivalidad con sus hermanos, ya que realmente la atención, afecto y cuidados que antes recibía de manera exclusiva, comenzará a ser compartida con su herman@. Es frecuente que los celos ante el hermano aparezcan en mayor medida en niños de 2 a 4 años, ya que siguen dependiendo en gran medida de su madre y carecen de los recursos madurativos para poder hacer frente a esta nueva situación estresante para ellos. Ante la imposibilidad de atender de la misma manera las necesidades internas del niño o por lo menos, no tanto como antes, pueden sentir desanimo, ansiedad o sensación de abandono.

Es importante que los padres comprendan que es lo que siente su hij@ ante la llegada de un nuevo herman@. Está, nada más y nada menos, que su supervivencia en juego… la cercanía, el calor y el cuidado de la madre se ve amenazada ante la llegada del nuevo miembro, lo que le hará reaccionar con rabia y rechazo ante el responsable de esta situación.  Es importante que los padres consideren esta situación como un reto evolutivo que ayudara en la maduración del niño y le preparara para retos posteriores. Lo habitual es que vayan desapareciendo o reduciéndose a medida que el niño crece, no obstante, cuando la respuesta de celos es exagerada, duradera en el tiempo, acompañada de un gran malestar y síntomas, los más recomendable sería consultarlo con un profesional.

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Los padres deben empezara a trabajar los celos de manera preventiva antes del nacimiento del nuevo hijo y con la llegada de este. Para el niño es importante tener información sobre los cambios que se van a ir dando, embarazo, parto y la llegada del nuevo miembro, por ejemplo: cuál va a ser su cuarto, quien le va a cuidar, con quien va a quedarse cuando llegue el momento de parto… es importante mantener en los posible las rutinas del niño y buscar tanto la madre como el padre momentos de intimidad con el niño. En estos momentos aprovechar para hablar con él, preguntarle cómo se siente ante la llegada de su hermanito o simplemente jugar, leer… pero intentando que no haya interrupciones y sea un tiempo para él en exclusiva.

Los celos pueden manifestarse de maneras muy diversas:

  • Desobediencia: muy habitual, con el objetivo de buscar la atención de sus padres.
  • Retraimiento: puede estén más introvertidos ante el nacimiento y se relaciona con un descenso de la autoestima. Además, puede parecer desinteresado y apático respecto a lo que le rodea.
  • Conductas de búsqueda de atención: interrumpe las conversaciones, alborota y molesta cuando se está atendiendo al pequeño…
  • Alteración del ritmo de sueño y alimentación: pesadillas, insomnio, terrores nocturnos… y en cuanto a la alimentación inapetencia o negarse a comer.
  • Agresividad: se manifiesta a través de irritabilidad, insultos, golpes…
  • Regresiones: se consideran conductas evolutivamente inapropiadas… son retrocesos en hitos evolutivos ya conseguidos como, comer solo, control de esfínteres…

Por ultimo algunas indicaciones que pueden ser de ayuda a nivel general. Durante el embarazo es recomendable ir hablándole del hermanito, que toque la tripa (si quiere, no forzarle) y como ya hemos comentado antes, ir anticipándole posibles cambios. Tras el nacimiento es conveniente que el niño vaya a visitar a su hermanito al hospital y a poder ser que su madre no le tenga en brazos.  Es importante tras la llegada a casa reservar un momento del día para dedicarle a él en exclusiva para que perciba ese afecto y atención que tanta falta la hará en esos momentos. Además, podemos aprovechar esos ratitos para enfatizar las ventajas de ser el hermano mayor y los posibles privilegios que puede tener el respecto a su hermano.

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