Consecuencias psicológicas del consumo continuado de Marihuana

La marihuana es una sustancia psicoactiva proveniente de la planta Cannabis Sativa, cuyo uso es cada vez más común sobre todo entre la población adolescente.  El principal responsable de los efectos embriagadores que buscan aquellos que la consumen es el THC (delta-9-tetrahydrocannabinol). Esta sustancia química se encuentra en una resina preparada a base de las hojas y tallos de la planta femenina del cannabis y suele consumirse de diversas formas y con fines desde recreativos hasta terapéuticos, ya que posee efectos analgésicos, anticonvulsivos, sedantes o antidepresivos. Cuando la marihuana se inhala, el THC y otros químicos pasan de los pulmones al torrente sanguíneo, donde son transportados hasta el cerebro de una manera casi inmediata. En cambio, cuando se consume en alimentos o bebidas el efecto suele demorarse más (usualmente 30 minutos o una hora), ya que primero ha de pasar por el sistema digestivo. 

Los efectos que produce varían desde relajación y euforia placentera, sensibilidad en la percepción sensorial, risa o aumento del apetito, hasta ansiedad, miedo o pánico. La duración de estas sensaciones se sitúa entre 1 y 3 horas, aunque las cantidades detectables de THC pueden permanecer en el cuerpo días o semanas incluso desde el último consumo.

En cuanto a su mecanismo de acción, el THC actúa de una manera similar a los químicos cannabinoides endógenos que el cuerpo segrega de manera natural.  Estos cannabinoides actúan como neurotransmisores enviando mensajes químicos entre neuronas a lo largo del sistema nervioso, ejerciendo influencia sobre la memoria, placer, pensamiento, concentración, coordinación o percepción entre otros. La red de comunicación neural que usan estos neurotransmisores cannabinoides (conocida como sistema endocannabinoide) juega un papel muy importante en el desarrollo y funcionamiento normal del sistema nervioso, por lo que interferir sobre él puede causar graves consecuencias. Ejemplo de ello son la afectación en el hipocampo y la corteza orbitofrontal (áreas del cerebro que permiten crear nuevas memorias y cambiar el foco de atención) o  cerebelo y ganglios basales (encargados de la coordinación, postura y reacción temporal) entre otros. Además, el THC activa el sistema de recompensa cerebral liberando dopamina, causante del efecto placentero de esta droga y por lo tanto de su potencial adictivo. Los resultados de los estudios parecen confirmar que los daños causados en estas áreas cerebrales  tienen mayor impacto entre los adolescentes, ya que su cerebro continua creando nuevas conexiones y madurando en otras formas.  

Entre los efectos adversos que acarrea su consumo podemos encontrar:

Fase aguda (bajo la influencia de la droga):

  • Deterioro de la memoria a largo plazo.
  • Disminución de la atención, el juicio y otras funciones cognitivas.
  • Perjuicio sobre la coordinación y el equilibrio.
  • Aumento del ritmo cardíaco.
  • Ansiedad o paranoia.
  • Psicosis (poco común).

Persistentes:

  • Perjudica el aprendizaje y la coordinación.
  • Problemas para dormir.

Empedernidas (se acumulan con el uso repetido de la droga):

  • Riesgo a la adicción.
  • Pérdida parcial del coeficiente intelectual.
  • Riesgo de sufrir tos crónica o bronquitis.
  • Riesgo de sufrir esquizofrenia en personas con predisposición genética.
  • Riesgo potencialmente superior de sufrir ansiedad, depresión y síndrome amotivacional.

Este último, el síndrome amotivacional, ha sido definido como un estado de pasividad e indiferencia que presenta características de disfunción generalizada en las capacidades cognitivas, interpersonales y sociales. Los síntomas más comunes son la apatía, pasividad, la falta de energía e interés, incapacidad para desarrollar planes futuros, empobrecimiento afectivo, abandono del cuidado personal, inhibición sexual, deterioro de las relaciones sociales, pérdida de impulso y motivación, desapego emocional y alejamiento de la realidad. Son comunes además las dificultades para desarrollar actividades a largo plazo y que requieran de concentración, por lo que suele acarrear bajo desempeño académico y/o laboral. 

Aunque se estima que el 9% de las personas que consumen marihuana desarrollarán una adicción, este número se incrementa en un 17% cuando su uso comienza en la adolescencia y en un 25-50% entre los que la consumen a diario.  Además, se ha visto que existe un fenómeno denominado sensibilización cruzada, debido al cual las personas que han sido expuestas al THC muestran una respuesta más exagerada en su comportamiento, no sólo cuando consumen esta sustancia,  sino también otras como la morfina. Esto sugiere que la marihuana puede ser una “puerta de entrada” hacia el uso de otras drogas.

El síndrome de abstinencia que se le ha asignado se considera leve, con síntomas como irritabilidad, dificultades para dormir, falta de apetito, intranquilidad y/o molestias físicas que se presentan de manera aguda entre la primera y la segunda semana después de haber dejado de usar esta substancia.

Los tratamientos psicológicos que hasta el momento han mostrado ser prometedores son:

  • Terapia cognitivo- conductual: Enseñar a las personas estrategias para identificar y corregir comportamientos problemáticos con el fin de mejorar el control personal.
  • Técnicas de manejo de contingencias: Alternativa de tratamiento de manejo basada en el monitoreo frecuente del comportamiento que se busca cambiar y remover los factores positivos que se dan cuando el comportamiento ocurre.
  • Terapia de estímulo de la motivación: Intervención sistemática diseñada para un cambio rápido en la motivación personal (movilizando los recursos internos para cambiar y participar en el tratamiento). 

Referencias:

Escobar, S.M.R. y Pérez, G.A.C. (2015). El síndrome amotivacional en consumidores de marihuana. XVIII Encuentro Nacional de Investigación, 130.

Scoppetta, O., Castaño, G.A., Iglesias, E.B. y Restrepo, S.M. (2020). Exploración psicométrica sobre deficiencia motivacional en consumidores de marihuana. Interdisciplinaria Revista de Psicología y Ciencias Afines37(1), 1–17.

Volkow, N.D. (2015). Marihuana. National Institute on Drug Abuse, Advancing Addiction Science47.

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