DAÑO CEREBRAL ADQUIRIDO:¿QUÉ ES? ¿QUÉ TIPOS EXISTEN? Y ¿QUÉ PUEDE APORTAR LA NEUROPSICOLOGÍA? (PARTE I)

¿Qué es el Daño Cerebral Adquirido?

Cuando hablamos de daño cerebral adquirido (DCA) estamos haciendo referencia al advenimiento de una lesión cerebral en una persona cuyo cerebro se había desarrollado con total normalidad hasta ese preciso momento. Generalmente, la aparición de esta lesión suele ser abrupta y repentina, no siendo posible por tanto prevenirla. Además, este tipo de afección puede sufrirse en cualquier momento de la vida, tanto en la infancia o adolescencia como ya en la edad adulta. Sin embargo, una diferencia importante entre sufrir un DCA durante la infancia o adolescencia vs. ya en la edad adulta radica en que en la persona adulta las consecuencias asociadas al daño cerebral van a ser fácilmente observables en términos de un deterioro de funciones previamente adquiridas, mientras que en la infancia, o incluso la adolescencia, es posible que estas consecuencias únicamente puedan observarse en su totalidad a medida que pasa el tiempo y las demandas del entorno van en aumento en las diferentes áreas de la vida del niño o adolescente (autonomía personal, desempeño académico, rendimiento laboral, relaciones sociales, etc.).

Asimismo, debemos tener en cuenta que el DCA va a variar de una persona a otra en cuanto a su localización (hemisferio, lóbulo, giro…), el tipo de tejido que se ha visto afectado (sustancia blanca y/o gris) y su extensión. Estos factores, entre otros, determinarán tanto la gravedad de las consecuencias asociadas al daño cerebral como el tipo de funciones que van a verse afectadas. En este sentido, no podemos dejar a un lado la idea de que el cerebro constituye el órgano más complejo del cuerpo humano, siendo responsable de múltiples y muy diferentes funciones. Entre estas funciones se encuentran no solamente de aquellas funciones más puramente orgánicas o físicas (funciones hormonales, viscerales, sensoriales o motoras), sino también de aquellas funciones que nos diferencian de forma notoria de otras especies (funciones cognitivas, emocionales o comportamentales), siendo todas y cada una de ellas susceptibles de verse afectadas por un DCA.

¿Qué Tipos de DCA Existen?

En función de cual haya sido su causa, el DCA, puede clasificarse como traumático o no traumático. El DCA de tipo traumático se originaría debido al padecimiento de un golpe o contusión en la cabeza o, más concretamente, de un traumatismo craneoencefálico (TCE). En este sentido, es importante especificar que cualquier golpe en la cabeza no puede considerarse un TCE, ya que éste debe haber producido daños en el contenido craneal o el cerebro. Así, el TCE suele cursar con al menos algún signo de alarma indicativo de que se ha producido un daño cerebral (pérdida de conocimiento, somnolencia, dolor de cabeza constante o que empeora, vómitos o nauseas, convulsiones, dilatación pupilar…). Los TCEs pueden ocurrir como resultado de múltiples situaciones, por ejemplo, accidentes de tráfico, caídas, agresiones, accidentes domésticos, laborales o deportivos, la utilización de fórceps o ventosas durante el parto… Además, el TCE puede clasificarse como de tipo abierto o cerrado, en función de si se ha producido una fractura o apertura craneal como consecuencia del impacto sufrido o de si el cráneo ha permanecido cerrado tras este. Además, la severidad del TCE se determina en base al nivel de consciencia presentado por la persona afectada, pudiendo ser leve, moderada o grave.

Si bien, la causa de un DCA de tipo traumático siempre es el padecimiento de un TCE, el DCA de tipo no traumático puede ocurrir por múltiples causas:

  • Accidentes cerebro vasculares (ACV): este tipo de afección es a lo que en nuestro día a día nos referimos como “ictus” o “infarto cerebral”. Los ACVs pueden ser de dos tipos, isquémicos o hemorrágicos. Los ictus de tipo isquémico tienen lugar como consecuencia de la obstrucción de un vaso sanguíneo, por ejemplo, a causa de un coágulo sanguíneo o de la acumulación de materia grasa en dicho vaso. Por el contrario, los ictus de tipo hemorrágico ocurren debido a la ruptura de un vaso sanguíneo como consecuencia, por ejemplo, de malformaciones arteriovenosas. Ambos tipos de ictus conllevan una interrupción parcial o total del riego sanguíneo en la zona circundante al vaso sanguíneo afectado, de modo que las células ubicadas en dicha zona pierden el acceso al oxígeno y nutrientes necesarios para su correcto funcionamiento, pudiendo llegar a producirse la muerte de las células y neuronas afectadas.
  • Hipoxia o anoxia: esta condición tiene lugar cuando la cantidad de oxígeno que se respira es insuficiente para un correcto funcionamiento del cerebro. Algunas situaciones ante las que esto puede ocurrir son la asfixia, inhalación de humo, parálisis de los músculos del sistema respiratorio, práctica de alpinismo a gran altitud o apnea, entre otros. Tal y como se ha mencionado en el punto anterior respecto a los ACVs, las células cerebrales necesitan disponer de oxígeno para su correcto funcionamiento, de modo que cuando la cantidad de oxígeno es insuficiente el tejido cerebral se ve irremediablemente dañado.
  • Procesos infecciosos: aunque nuestro cuerpo cuenta con mecanismos de protección, como la barrera hematoencefálica, cuya función consiste en evitar el acceso de sustancias u organismos potencialmente dañinos al sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), estos mecanismos no son siempre infalibles. Así, en ocasiones organismos como virus, bacterias o incluso hongos logran acceder a nuestro sistema nervioso central, consiguiendo así su ticket de entrada al cerebro. En estos casos al potencial daño que estos organismos pueden generar en diferentes estructuras o áreas cerebrales a través de los propios procesos infecciosos, habría que sumar los efectos negativos que otros procesos como los de carácter inflamatorio pueden generar en el cerebro. Así, es habitual la inflamación del propio cerebro (encefalitis) y/o de las meninges [las membranas que rodean y protegen al cerebro (meningitis)]. Estos procesos inflamatorios pueden resultar en un incremento excesivo de la presión intracraneal, viéndose dañadas aquellas áreas expuestas a la compresión.
  • Tumores cerebrales: los tumores cerebrales se encuentran conformados por un grupo de células que se reproducen y multiplican de forma descontrolada. El mecanismo principal a través del cual los tumores cerebrales dañan el cerebro es la presión que estos ejercen sobre el tejido cerebral circundante, dañando esta presión el tejido sano, interrumpiendo conexiones cerebrales pre-existentes y pudiendo producirse procesos inflamatorios o edemas (acumulación de líquidos en determinadas zonas cerebrales).
  • Cirugías cerebrales: la cirugía cerebral al ser un tipo de intervención altamente invasiva, únicamente es considerada como la primera opción de tratamiento en aquellos casos en los que los beneficios a obtener son mayores que los riesgos implicados y en los que otras posibles opciones de tratamiento ya han fracasado o, por el motivo que corresponda, se considera que no van a ser de utilidad. Como es evidente, en el momento en el que hablamos de cirugía cerebral, estamos hablando inevitablemente de seccionar o extraer una parte del tejido cerebral y, por tanto, de dañar el cerebro, con las consecuencias que esto pueda conllevar en cada caso en función de las áreas o estructuras intervenidas.
  • Otros…

¿Qué Puede Ofrecer la Neuropsicología ante un DCA?

La neuropsicología constituye una disciplina enmarcada dentro de la psicología que se ocupa del estudio de la relación existente entre el cerebro y el comportamiento de las personas, el cual incluye no solo la conducta observable en estas, sino también el funcionamiento cognitivo y emocional subyacente. Por ello, desde la perspectiva neuropsicológica, tras un DCA resulta de vital importancia realizar un proceso de evaluación exhaustivo y riguroso que permita establecer qué áreas cognitivas (atención, lenguaje, memoria, razonamiento…), emocionales (irritabilidad, apatía, ansiedad, tristeza…) y funcionales (cuidado personal, realización de tareas del hogar , desempeño laboral, conducción…) han podido verse afectadas como consecuencia del daño cerebral y cuáles, por el contrario, han permanecido intactas. Además, la información derivada de dicho proceso permitirá adecuar al máximo la intervención que cada persona debe recibir para favorecer al máximo su mejoría en el menor periodo de tiempo a través de intervenciones como la rehabilitación cognitiva. Puesto que desde Psicología Amorebieta nos parece importante que nuestros pacientes y sus familiares sepan qué deben esperar de estos procesos de evaluación y rehabilitación neuropsicológica incluso antes de acudir a consulta, en próximos blogs describiremos en detalle en qué consisten ambos procesos.

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