Dificultades de aprendizaje y neuropsicología

Las dificultades en el aprendizaje y su repercusión en el rendimiento académico siguen constituyendo un problema importante en el ámbito educativo.  Paradójicamente, en nuestra sociedad muchas veces vemos que existe la tendencia a reducir el problema, a empequeñecerlo, a no darle importancia… lo que nos lleva a no darnos cuenta de los obstáculos a los que se tiene que enfrentar en la vida el niño con dificultades de aprendizaje, siendo éstos tanto escolares como profesionales, sociales y emocionales, y lo que impide que se pueda realizar una detección precoz.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de dificultades de aprendizaje?

Hay que tener muy presente que cada individuo tiene su propio ritmo para asimilar los aprendizajes. Sin embargo, cuando la incapacidad es persistente, inesperada y específica e impide adquirir de forma eficiente determinadas habilidades académicas (ya sea lectura, escritura, cálculo, etc.), y cuando ocurren a pesar de que el niño/a tiene una inteligencia que se sitúa dentro de la media o incluso por encima, sigue una escolarización adecuada y su entorno socio-cultural es favorable, entonces tenemos motivos para pensar que estamos hablando de una dificultad específica del aprendizaje.

En la actualidad el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 las dificultades de aprendizaje pasan a denominarse trastornos específicos del aprendizaje y se incluyen dentro de los trastornos del neurodesarrollo. Se requiere la presencia de al menos uno de los siguientes síntomas de forma persistente (al menos 6 meses) a pesar de haber realizado intervenciones dirigidas a estas dificultades, y de interferencia en el rendimiento escolar.

  • Lectura de palabras imprecisa o lenta y con esfuerzo (p. ej., lee palabras sueltas en voz alta incorrectamente o con lentitud y vacilación, con frecuencia adivina palabras, dificultad para expresar bien las palabras).
  • Dificultad para comprender el significado de lo que lee (p.ej., puede leer un texto con precisión, pero no comprende la oración, las relaciones, las inferencias o el sentido profundo de lo que lee).
  • Dificultades ortográficas (p. ej., puede añadir, omitir o sustituir vocales o consonantes).
  • Dificultades con la expresión escrita (p. ej., hace múltiples errores gramaticales o de puntuación en una oración; organiza mal el párrafo; la expresión escrita de ideas no es clara).
  • Dificultades para dominar el sentido numérico, los datos numéricos o el cálculo (p. ej., comprende mal los números, su magnitud y sus relaciones; cuenta con los dedos para sumar números de un solo dígito en lugar de recordar la operación matemática como hacen sus iguales; se pierde en el cálculo aritmético y puede intercambiar los procedimientos).
  • Dificultades con el razonamiento matemático (p. ej., tiene gran dificultad para aplicar los conceptos, hechos u operaciones matemáticas para resolver problemas cuantitativos).

Papel del neuropsicólogo en la intervención de las dificultades de aprendizaje

La identificación de estos déficits y sus causas es aún una asignatura pendiente en el contexto escolar. La incidencia se cifra entre el 10 y el 15 por ciento de la población infantil, aunque estos datos son poco precisos debido a la gran heterogeneidad de los trastornos que se incluyen dentro de esta acepción.

Por otro lado, incluso cuando se detecta que existe una dificultad de aprendizaje y bajo rendimiento, la evaluación psicopedagógica tradicional no siempre deriva en un diagnóstico concreto. Esto hace que muchas veces estos alumnos/as sean categorizados como inmaduros, sin que se llegue a determinar ni la naturaleza, ni las características de sus dificultades.

Esta gran hetereogeneidad, tanto en la expresión de las alteraciones relacionadas con el rendimiento académico como en la etiología de las dificultades de aprendizaje, pone de manifiesto la importancia de la evaluación neuropsicológica infantil.

La figura del neuropsicólogo puede realizar grandes aportaciones a los procesos de evaluación e intervención, basadas en el conocimiento de las relaciones cerebro-conducta, con la finalidad de proporcionar a cada niño/a su ambiente y estrategias óptimas de aprendizaje.

En este contexto, el neuropsicólogo puede ser el encargado de explicar los puntos fuertes y los puntos débiles del alumno/a y de aclarar tanto a la familia como al profesorado que, muchas veces, determinados síntomas conductuales (fatiga, falta de atención y organización, impulsividad, lentitud…) no se deben a falta de trabajo, desmotivación o pereza.

¿Cuándo sería conveniente realizar una evaluación neuropsicológica?

  • Cuando el alumno/a no domina las habilidades de lectura, ortografía, escritura o matemáticas en los niveles de edad y grado esperados, o cerca de ellos
  • Cuando el alumno/a no responde a diferentes estrategias de intervención
  • Si tras una evaluación psicopedagógica se sugiere la posible existencia de posibles deficiencias en el procesamiento cognitivo
  • Si tras una evaluación psicopedagógica no se cumplen los criterios suficientes para un diagnóstico psicopedagógico, pero las dificultades persisten
  • Cuando se observa una dispersión significativa entre las puntuaciones de los distintos test psicopedagógicos aplicados
  • Ante un trastorno neurológico conocido o sospechado
  • Si se observan algunas dificultades y se identifican en la historia factores de riesgo en el neurodesarrollo
  • Tras un daño cerebral adquirido (puede estar producido por: traumatismos craneoencefálicos, infecciones, anoxia cerebral, tumores cerebrales…). Cuando el sistema nervioso sufre lesiones graves, los trastornos y deficiencias se detectan pronto, generalmente en los primeros meses o en los primeros años de vida, pero si los daños son de menor intensidad, puede existir un período silencioso de varios años y manifestarse más adelante como dificultades de aprendizaje y/o desórdenes en el comportamiento, lo que nos llevaría, en numerosas ocasiones, a no relacionar el problema con la causa que lo ha provocado.
  • Cuando un niño/a, experimenta una importante disminución en el rendimiento sin causa aparente.

Debido a la importancia de la detección precoz, en lugar de ignorar las dificultades o atribuirlas a descuido, desatención, falta de interés o de madurez, cuando existe sospecha, se recomienda consultar a un profesional. La identificación temprana de las dificultades de aprendizaje es esencial si se quiere atenuar el impacto de éstas en otros procesos neuropsicológicos y asegurar un adecuado desarrollo socio-emocional.

Bibliografía

American Psychiatric Association (2014). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5), 5ª Ed. Madrid: Editoral Médica Panamericana.

Málaga Diéguez, I. (2014). 1. Los trastornos del aprendizaje. Definición de los distintos tipos y sus bases neurobiológicas.

Mateos Mateos, R. (2009). Dificultades de aprendizaje. Educational Psychology15(1), 13-19.

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