El cerebro adolescente

El manejo de hijos/as adolescentes no es fácil. Suele ser habitual que muchas familias sientan que les cuesta conectar con ellos/as. Recuerdo a una familia que vino solicitando ayuda para ellos y para su hija de 14 años, que me decía: “¡no hay quién le entienda! se aísla en su cuarto mientras se queja de que no le hacemos caso. Si le hacemos caso dice que le estamos controlando. Está continuamente pegada al móvil, llega a casa y le llama a su amiga por teléfono… ¡si ha estado hace apenas cinco minutos con ella!, le da vergüenza salir con nosotros pero no le importa ponerse ropa de colores fluorescentes… ¡No sabemos qué le pasa por la cabeza! “ Yo en ese momento no conocía a su hija y tampoco podía saber el qué, pero si podía aclararles primero algo que creo que les podía ayudar a acercarse un poco más a ella, lo que dicen los estudios acerca del cómo, ¿cómo piensan los adolescentes? ¿cómo es su cerebro?

Al igual que el resto del cuerpo, las diferentes partes del cerebro crecen a ritmos diferentes (Blakemore 2008). El sistema límibico, incluida la amígdala cerebral, donde se originan el miedo y la excitación intensa, madura antes que la corteza prefrontal, estructura responsable de la planificación, la regulación de las emociones y el control de los impulsos. La mielinización y la maduración continúan en todo el cerebro, pero en secuencia, desde estructuras cerebrales internas hacia la corteza, y desde la parte posterior a la anterior, es decir, de atrás adelante. El resultado es que las áreas relacionadas con las emoción se desarrollan en el cerebro adolescente antes que las áreas analíticas y de la reflexión. Además las hormonas de la pubertad tienen como blanco directo la amígdala, mientras que la corteza responde más a la edad y a la experiencia que las hormonas. En consecuencia, la pubertad temprana responde a una avalancha de emociones no filtradas por la prudencia o la capacidad de reflexión. El sistema límbico, sin el control de la corteza prefrontal de lenta maduración, hace que las sensaciones intensas (la música fuerte, los coches rápidos…) resulten especialmente atractivas al cerebro adolescente.

¿Quiere esto decir que no deberíamos dejar que tomaran decisiones? Ni mucho menos. Es fácil criticar la conducta adolescente y culpar a las hormonas, al cerebro, al medio… Sin embargo, no se trata de criticar si no de entender. Además la diferencia no es sinónimo de déficit, y tanto las ganancias como las pérdidas son parte del desarrollo de la vida. De este modo, el hecho de que el sistema límbico se desarrolle más rápido que la corteza prefrontal entraña tanto riesgos, como beneficios.

El aumento de la mielinización y la demora de la inhibición por ejemplo, permiten que los/as adolescentes tengan una gran velocidad de reacción, la cual puede ser una gran ventaja en muchos aspectos como por ejemplo el deporte. El desarrollo o la maduración más lenta de la corteza prefrontal también puede ayudar a explicar la creatividad y la pasión adolescente. Y el crecimiento sináptico explica el incremento del desarrollo moral, y esa tendencia a cuestionar lo establecido mientras buscan forjar sus propias normas.

En este contexto las familias, deben brindar el andamiaje y la supervisión que necesitan, para acompañar a sus hijos/as adolescentes en su proceso de maduración cerebral.

Así que desde aquí, tal y como hice con la familia de la que antes hablaba, invito a todas las familias a que antes de querer adivinar lo que puede haber en la mente de sus hijos/as, traten de entender un poco mejor cómo piensan, empaticen y pongan en valor la transformación a la que se enfrentan. Si además pueden hacerlo conectando con su propia época adolescente y pueden aprender y nutrirse un poco de esta forma tan característica de los/as adolescentes de funcionar, mejor. Sé que no es fácil criar a un hijo/a adolescente, pero tampoco ser adolescente lo es. Seamos amables y tratemos encontrar el equilibrio entre afecto y supervisión que necesitan.

Bibliografía

Berger, Kathleen Stassen (2016). Psicología del Desarrollo: infancia y adolescencia (9º ed.). Ed. Médica Panamericana.

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