EL DUELO INFANTIL (segunda parte)

Hace unas semanas abordamos el tema del duelo infantil y planteamos cuestiones sobre las particularidades en cuanto a la vivencia emocional de los niños, como comunicárselo, como participar de la despedida del ser querido… Algunas cuestiones importantes quedaron sin comentar, por lo que en este blog trataremos de dar respuesta a algunas de ellas.

Es importante destacar que el duelo es un proceso dinámico, por lo que perdura a la lo largo del tiempo y a la vez ira cambiando según distintas cuestiones. Es un proceso normal, no es ninguna enfermedad, lo habitual es que la muerte de un ser querido duela y deje una huella emocional. Además de esto, es un proceso único, de la misma manera que no hay dos personas iguales tampoco existen dos duelos iguales. Teniendo esto en cuenta describiremos ciertas reacciones emocionales y particularidades dependiendo de la edad del niño:

  • Primera infancia de los 0 a los 2 años: los bebes pueden reaccionar a la muerte (especialmente si es de su figura de referencia) mostrándose inquietos, irritados, durmiendo y comiendo peor. Si la muerte afecta a uno de los cuidadores de referencia del niño y si esta se puede prever, es recomendable que de manera progresiva se haga cargo de los cuidados del bebe la persona que le cuidará cuando la otra fallezca.  Es importante para el bebe que su mundo sea predecible, seguro, tranquilo y para ello es importante mantener las rutinas. Además, es importante contar con un figura estable y significativa que pueda cumplir estas funciones de maternaje. Hacia los dos años podemos ir explicándole al niño de una manera simple, porqué nos encontramos tristes y de esta manera ellos también irán aprendiendo a poner nombre y a entender sus propios sentimientos. Es importante que reciban mucho cariño y afecto para transmitirles esa seguridad y confianza indispensables para su desarrollo.
  • Preescolares de 3 a 6 años: aunque el concepto de muerte que tienen los niños de esta edad es todavía limitado, experimentarán emociones intensas ante la muerte de un ser querido. Es indispensable que el lenguaje a la hora de trasmitirles el fallecimiento sea lo más claro y concreto posible, evitando las metáforas y utilizando un lenguaje realista, sin recurrir a frases del tipo: “si miras al cielo le podrás ver”, “sigue con nosotros, aunque no le puedas ver” … Este tipo de mensajes solo les creará confusión. Una de las mayores dificultades con las que se encuentran los niños de esta edad, es con la dificultad para entender la irreversibilidad de la muerte, por lo que es común que pregunten cuándo volverán a ver a la persona fallecida. En las situaciones en las que se trate de una enfermedad terminal es aconsejable ir informándoles, dándole la oportunidad de preguntar y hablar sobre ello.  Las reacciones ante la pérdida de un ser querido pueden ser muy diferentes, lo importante es saberlo para poder actuar en consecuencia. En algunas ocasiones los niños utilizan la negación como mecanismo protector ante el shock emocional que les produce la noticia. Esto no significa que no entiendan o no sufran ante la noticia, sino más bien una dificultad para asimilarla. En este caso no es recomendable forzarle a seguir con la conversación en ese momento, sino acompañarle e ir dándole información que poco a poco le ayude a asimilar la perdida. Es posible que aparezcan comportamientos regresivos: no querer comer solos, pérdida de control de esfínteres… además es posible que se muestren más irritables, sensibles… es importante no responder a estas conductas con enfado y si con mucha paciencia. Además, en ocasiones, podríamos traducirle el porqué de sus conductas, por ejemplo: “puede que te sientas enfadado por la pérdida de xxxx y quizá por eso no quieras comer solo, pero eso no creo que haga que te sientas mejor, cuando quieras podemos hablar de ello”. Debemos presentarnos cercanos y abiertos a hablar sobre nuestros propios sentimientos, explicarles que llorar o sentirnos tristes no es malo, sino que es el camino para realizar un proceso de duelo saludable.
  • Escolares de 6 a 10 años:  A esta edad los niños ya comprenden lo que significa la muerte de un ser querido en su totalidad, entienden que es un suceso irreversible y definitivo. Al entender las dimensiones del suceso es probable que les surjan muchas dudas en cuanto a la circunstancias que rodean al fallecimiento, a la persona fallecida… por eso es imprescindible escucharles y dar respuesta a las dudas que os planteen (siempre que sea posible y sin entrar en detalles innecesarios). La información que se les traslade siempre debe ser realista, respondiendo a sus preguntas de manera sincera. Al ser más conscientes de lo que supone la muerte pueden sentir miedo ante la pérdida de otros seres queridos, además de culpa por la muerte de la persona fallecida, lo que les puede generar mucha angustia y malestar. Es importante que los adultos cercanos al niño ayuden a este a dar una salida saludable a los sentimientos que este tiene. Para ello es importante que el adulto de ejemplo de ello, hablando de la persona fallecida, explicándole cómo se siente y ayudándole a poner palabras a los sentimientos que puede estar teniendo.
  • Preadolescentes de 10 a 13 años: Los preadolescentes son plenamente conscientes de lo que supone la muerte, por lo que pueden sentirse abrumados y por ello intentan reprimir cualquier emoción que les produzca dolor. Los preadolescentes pueden mostrarse fríos, con episodios de rabia y enfado recurrentes e intensos. Es una edad en la que es muy importante la comparativa que hacen con sus pares, esto les puede producir que se sientan enfadados al verse diferentes al resto, al ver lo que a ellos les ha ocurrido… además se sienten vulnerables ante la incertidumbre de cómo será su vida a partir de ese momento. Es habitual que los preadolescentes tengan dificultades para expresar sus emociones, por lo que es recomendable que nosotros compartamos nuestros sentimientos, que sientan que estamos a su lado, pero sin atosigarles, respetando sus ritmos y su intimidad. En este caso podemos darle la opción de que participe en los actos de despedida y/o que el mismo pueda crear sus propios rituales de despedida… escribiendo una carta a la persona fallecida, creando un álbum en el que pueda elegir sus momentos especiales junto a la persona que ya no está, creando una caja de los recuerdos en la que pueda guardar objetos, fotos… significativos para él. El preadolescente puede presentar reparos para seguir compartiendo momentos con su grupo de pares, a veces por la culpabilidad que pueden experimentar al sentirse contentos o disfrutar de momentos junto a sus amigos. Los adultos debemos animarles a que sigan formando parte de esos grupos y legitimarles que no es nada malo tener momentos de disfrute.  
  • Adolescentes: La adolescencia es una etapa evolutiva en la que el joven se encuentra en plena construcción de su identidad, en un momento de constante cambio y evolución. La adolescencia en sí misma implica vivencias emocionales intensas y cambios bruscos. Además, de una necesidad de diferenciarse de los adultos, pero a la vez con mucha necesidad de apoyo. Los adolescentes viven la perdida de una manera muy similar a los adultos y se suelen plantear las mismas cuestiones respecto a la muerte. El adolescente vivirá con mucha angustia como cambiará su vida ante la pérdida de una persona significativa, pero en general es difícil hacer un pronóstico de cómo reaccionará ante la muerte de un ser querido. En esta cuestión entran en juego muchas variables como: el carácter del joven, los recursos de los que dispone, la relación que tiene con sus figuras de referencia… Es recomendable incluir al adolescente en los ritos de despedida, es una manera de que se sientan parte importante de la familia y que sientan que pueden pertenecer al mundo de los adultos. Es importante que sepan la verdad que rodea a la muerte, en caso de muertes violentas o suicidios e informarles del proceso y el desenlace en caso de enfermedades terminales.El adolescente puede tener dificultades para expresar sus sentimientos, debemos darle su espacio, pero dándole la oportunidad de contar con nosotros cuando lo necesite e incluso animarle a hablar con alguien en el que confíen y se sientan seguros. Al igual que con los preadolescentes con los adolescentes también sería recomendable hacer algún ritual de despedida propio, como las cartas a la persona fallecida etc. 

Todo lo comentado anteriormente refleja posibles reacciones, pero no certezas. En como un niño responderá a la muerte es muy variable e influyen infinidad de variables: edad, relación con la persona fallecida, el entorno, su desarrollo emocional, experiencias previas…

BIBLIOGRAFÍA:

Explícame qué ha pasado: guía para ayudar a los adultos a hablar de la muerte y el duelo con los niños

Hablemos de duelo: manual práctico para abordar la muerte con niños y adolescentes

Guía sobre el duelo en la infancia y la adolescencia: formación para madres, padres y profesores.

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