El Niño y el Juego

El juego supone un elemento básico en la vida de un niñ@, además de ser algo divertido para ell@s es algo indispensable para su desarrollo. A través del juego los niñ@s exploran y descubren el mundo por sí mismos.

Véase la importancia del juego en la infancia, el Comité sobre los derechos del niño de las naciones unidas elaboraron una observación general, que se concentra en el artículo 31, que indica la importancia fundamental de reconocer y garantizar este derecho a los niñ@s de todas las edades. Destaca el papel del juego como oportunidad para la expresión de la creatividad, la imaginación, la confianza en sí mismos, la autosuficiencia y para el desarrollo de las capacidades y aptitudes físicas, sociales, cognitivas y emocionales. El juego también es una dimensión clave de la educación, necesaria para alcanzar el mejor estado de salud posible y un componente indispensable en el desarrollo óptimo del niñ@.

Casi desde el nacimiento los bebes comienzan a compartir con sus padres o cuidares principales juegos de imitación, que contribuyen al desarrollo del creciente sentido de la identidad del bebe como persona separada del resto, además de apoyar su confianza en sí mismo para interactuar con otros. Es importante señalar que las investigaciones revelan que el juego de un niño de un año es más avanzado cuando progenitores o cuidadores participan en las actividades lúdicas del bebe.

Si observamos a los niñ@s podemos comprobar que a medida que crecen juegan de manera diferente, su juego va evolucionando. Uno de los principales teóricos que realizo una descripción de los principales tipos de juego infantil fue el pedagogo Jean Piaget. Estableció unos estadios evolutivos según la forma de juego dominante:

Estadio sensoriomotor: transcurre desde el nacimiento hasta los 2 años. Durante esta etapa los bebes aprenden acerca de ellos mismos y su mundo mediante su actividad sensorial y motora en el desarrollo. Los bebes pasan de ser criaturas que responden principalmente a partir de reflejos a ser niñ@s orientados hacia metas. Los juegos que predominan en esta etapa son de ejercicio o funcionales: repiten una y otra vez una acción por el mero placer del resultado inmediato que obtienen.

Estadio preoperacional: es la etapa de la niñez temprana, de los 2 a los 7 años, la denominó así porque los niñ@s todavía no están listos para realizar las operaciones o manipulaciones mentales que requiere el pensamiento lógico. La característica más importante de este periodo es el uso del pensamiento simbólico o la habilidad de representación. Este juego de tipo simbólico es el más típico y característico de la infancia. Este juego consiste en simular acciones, objetos y personajes que no están presentes en el momento de juego.

-Estadio de las operaciones concretas: es la última etapa de la infancia, de los 7 a los 12 años.Llamada así porque ahora los niños pueden usar operaciones mentales para resolver los problemas concretos, reales. Piensan de manera más lógica que antes, porque pueden considerar múltiples aspectos de una situación, pero estando limitados a pensar en el aquí y en el ahora. En esta etapa se impone el juego de reglas, aunque las reglas ya aparecen en el juego simbólico en esta ocasión tiene un carácter más firme y ajeno a los niñ@s (el escondite, juegos de mesa…)

Algo que se recalca como de vital importancia a lo largo de las etapas descritas es la importancia de la participación, no siempre activa, de los padres en el juego infantil. No se puede olvidar que el juego es una experiencia emocional y social en la que padres, cuidadores y educadores del niñ@ facilitan y estimulan las situaciones de juego que forman parte de su desarrollo. Pero ¿Cuál debe ser el papel del adulto en el juego? En el juego todos tienen un papel: el niñ@ como protagonista y el adulto como facilitador. Es importante que el adulto adquiera una función de compañero de juego, sin dirigirlo, sin coartar la iniciativa del niñ@, pero posibilitando el espacio, el momento… para que se de ese espacio lúdico. El juego es una actividad que ayuda a la creación de lazos afectivos y establece una interacción mutua satisfactoria. El niñ@ que juega con sus padres se siente atendido, cuidado, apreciado… lo que proporciona al niñ@ la confianza y seguridad necesarias para su desarrollo integral. Por lo tanto, cuando el adulto vaya a compartir juego con el niño debe dejarse guiar, dejar que nos ofrezca algún objeto, diga lo que tenemos que hacer y nos dé un papel en el juego. Por último como premisa importante para que se de satisfacción en el juego es sque el adulto debe implicarse en el juego como actividad de placer… “jugar por jugar” sin que tenga que intervenir siempre una intención pedagógica.

Para concluir dejar algunas claves que pueden ayudar a los padres a guiar su comportamiento durante el juego con el niño:

  • Que sea el niño el que guie el juego
  • El juego no es una tarea
  • No es necesaria la estimulación constante
  • Se debe dar tiempo para poder jugar sin prisas y sin pensar en otras cosas
  • Tener en cuenta las preferencias del niño
  • Disfrutar del placer de estar juntos.  

Pensando en nuestra infancia podremos recordar que los momentos más bonitos suelen estar relacionados con actividades sencillas pero vividas en familia.

Pasar tiempo juntos (siendo más importante la calidad que la cantidad) es el regalo más maravilloso que se le puede hacer al niño.

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