El “síndrome post-vacacional”

Todos los años, por estas fechas, escuchamos una y otra vez la misma noticia: nos toca volver al trabajo, sentimos algunos síntomas emocionales justamente antes de hacerlo, y creemos que eso ya supone en sí un síndrome, o incluso un trastorno. Pero esto queda lejos de la realidad, a no ser que nuestro estado común y habitual sea una “vida trastornada continua”.

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Y es que, si bien es cierto que esta situación nos produce cierto “displacer” (en esta sociedad donde parece que debemos buscar el placer y la alegría como estados anímicos perennes), si consideramos este síndrome como algo cercano a la psicopatología, estaríamos psicopatologizando muchos momentos comunes en nuestras vidas. Pongamos como ejemplo cuando se nos muere alguien cercano, una situación donde no por no ser habitual (gracias a dios) sentimos cierto malestar. Usualmente habremos escuchado el mensaje de que esto, per se, no constituye ningún signo de psicopatología alguna, aunque es verdad que algunas pautas y ciertas medidas pueden ayudarnos a sobrellevarlo mejor. Incluso, a veces debemos “suplementar” esas medidas normales y que uno toma con su propia vida sin ayuda de nadie (o con apoyo de la pareja, hijos, o alguien allegado), con cierto acompañamiento profesional, que nos pueda ayudar a ajustar esas rutinas, en cierta manera a verlo de forma natural y a que podamos sentir que no estamos solos, que tenemos apoyos. Esto puede pasar, por ejemplo, en el caso de personas que no tienen otro allegado cerca (personas mayores que se quedan viudas tras muchos años conviviendo con su pareja, sin tener un familiar que pueda estar dando de manera estable y continua ese apoyo). Sea como fuere, en ningún caso está aconsejado intervenir de manera activa (es decir, una terapia donde, por ejemplo, se ayude a la persona a dar una forma más realista y menos pesimista a sus pensamientos y con ello ayudar a aliviar en cierta manera sus emociones), y el proceso de adaptación y de superación de esa situación ha de ser personal e “individual” (lo debe hacer uno mismo, vaya).

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Por ello, al hilo de lo comentado, el llamado “síndrome posvacacional” no sería otra cosa que un periodo de readaptación a una “nueva” situación (nueva porque llevamos tiempo sin ir al trabajo, y cuanto más tiempo llevamos sin ir, más nos costará como es lógico readaptarnos), un reajuste emocional ante cambios que provocan vivencias diferentes con resultados hedónicos en ocasiones contrarios. O lo que es lo mismo, pasamos de una situación que nos resulta muy placentera a otra que no lo es tanto. ¿Esto debería ser considerado un síndrome patológico o es en verdad una reacción emocional «normal»? Quizás, si te hacemos esta pregunta dentro de un mes, no tendrás tantas dudas; mientras tanto, te dejamos algunos consejos para que la vuelta sea “menos displacentera” (que no placentera, dado que es difícil que una obligación, por mucho que disfrutemos con ella, sea tan placentero como estar un mes en la playa leyendo, viendo mundo o incluso atiborrándonos a los capítulos de nuestra interminable serie favorita):

  • Date tiempo. La readaptación no es cuestión de un día y a veces exige incluso todo el mes de septiembre. Además, en octubre vendrá otra desadaptación a la que tendremos que enfrentarnos, el cambio de hora, y al hilo del cuál te diré una curiosidad: ¿sabes que nos cuesta una semana completa readaptarnos al cambio de una hora en nuestra rutina diaria? Por ejemplo, cuando cambiamos la hora… Así que, intenta planificar la vuelta con antelación
  • Si puedes, reinicia “la rutina” días antes de empezar a trabajar. A todos nos gusta apurar hasta el último momento, pero la progresividad en el cambio ayuda (y mucho) a no sentirnos tan desadaptados. Al fin y al cabo, esa es la clave de la palabra adaptación: ¡la progresividad! De esta manera, puedes ir reiniciando las pautas alimentarias, los horarios de sueño, etc. con antelación, incluso en tu lugar de vacaciones. Todo sea porque la vuelta se más “placentera”.
  • Graduate los objetivos y si quieres proponerte nuevas metas, hazlo de dos en dos (como máximo) y con objetivos realistas y de pasos cortos. P.e., pasa a menudo que queremos ir al gimnasio cuando volvemos en septiembre y llevamos sin ir un año (aunque hemos pasado religiosamente). Ese objetivo es genial, pero si quieres consolidarlo no podemos pretender reiniciar el gimnasio yendo todos los días dos horas cada día; ni tú ni nadie va a aguantar las agujetas 5 días seguidos y no es necesario sufrir para sentirnos bien con nosotros mismos. Pauta una rutina progresiva (2-3 días a la semana?) y cúmplelo al menos 3-4 semanas para avanzar en ella.
  • Prioriza el trabajo. No siempre lo urgente es lo más importante y todos tenemos más trabajo (y/o menos capacidad de afrontarlo) en septiembre. O al menos tenemos esa sensación…
  • La vuelta también tiene aspectos muy positivos y tener esa actitud positiva ayuda y mucho. Tendremos de nuevo la oportunidad para reencontrarnos con los compañeros (con los que nos llevamos bien), generar nuevos proyectos, desarrollarnos más a nivel profesional… Si nuestra actitud es positiva, nuestra vuelta será mucho más fácil. ¡Comprúebalo!
  • Aprovechar todos los momentos libres que tengamos disponibles. No te sobrecargues de trabajo ni quieras recuperar el tiempo perdido en septiembre, porque el curso es largo, y aprovecha que aún nos quedan algunos rayos de sol antes de que el otoño haga acto de aparición. ¡Ah! Si te gusta esquiar recuerda que la nieve también está a la vuelta de la esquina y es genial: la chimenea, el chocolate caliente…
  • Recordarte también que comparar tu proceso con el del vecino de al lado no genera ninguna ventaja, y más bien te puede frustrar más. Y es que este estado de desadaptación no afecta a todos por igual (del mismo modo que no a todos nos gusta ir a los mismos sitios de vacaciones o llevar a cabo las mismas actividades en las mismas). Así, algunas personas tienen más facilidad a nivel personal, y a otras les cuesta más (y por tanto, serán más dadas a sufrir este tipo de situaciones).

Lo dicho, puedes respirar tranquilo, porque lo que sientes no tiene un nombre definido, y además no es un trastorno psicológico. Simplemente, eres humano y (como seres de costumbres que somos) necesitas adaptarte al siguiente ciclo. En 2-3 semanas, te sentirás mejor, ya verás… Y si no, nos llamas, que para eso estamos…

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