Esclerosis múltiple, ¿una enfermedad únicamente de carácter motor?

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica, neurodegenerativa y de caracter autoinmune, en la que aquellas células que deberían proteger nuestro propio organismo atacan por error a las neuronas del sistema nervioso central. Nuestro sistema nervioso central está compuesto por el cerebro y la médula espinal, de modo que como consecuencia de la esclerosis múltiple se producen lesiones en ambas estructuras. Estas lesiones se localizan principalmente en la sustancia blanca, la cual se encuentra en cada uno de los lóbulos cerebrales (frontal, parietal, temporal y occipital) y a lo largo de toda la médula espinal (Compston & Coles, 2008).

Actualmente se estima que unas 47.000 personas padecen esclerosis múltiple en España, diagnosticándose 1.800 casos nuevos cada año (Sociedad Española de Neurología, 2017). Dicho de otro modo, esto significa que cada 5 minutos una persona es diagnosticada de esclerosis múltiple a nivel estatal. Esta enfermedad es algo más habitual en mujeres que en hombres, ya que por cada hombre hay dos mujeres que la padecen (Multiple Sclerosis International Federation, 2013). Además, se trata de una enfermedad neurodegenerativa de aparición temprana, puesto que suele aparecer alrededor de los 30 años de edad. Así, la esclerosis múltiple es considerada como la segunda causa más frecuente de discapacidad neurológica, solamente por detrás de los accidentes de tráfico, en adultos jóvenes de entre 20 y 40 años (Sociedad Española de Neurología, 2017).

Tradicionalmente, la esclerosis múltiple ha sido considerada como una enfermedad de carácter motor. Sin embargo, esta enfermedad también cursa con lo que se denominan “síntomas invisibles”, los cuales reciben este nombre debido a que a pesar de que el paciente los padece, no son físicamente perceptibles para su entorno. Estos síntomas comprenden la presencia de fatiga crónica, deterioro cognitivo y alteraciones emocionales, entre otros.

Alrededor del 70–80% de las personas con esclerosis múltiple refieren síntomas de fatiga (Miller & Soundy, 2017), los cuales suelen incrementarse a medida que pasan las horas del día (Morris, Cantwell, Vowels, & Dodd, 2002). Esta fatiga puede alcanzar una intensidad tal que puede resultar incapacitante para la persona, afectando diferentes esferas de su vida diaria como la personal, la laboral o la social (Wendebourg et al., 2017). Las personas afectadas por este tipo de síntoma se ven obligadas a organizar sus actividades del día a día en torno al mismo. Tanto los programas de educación en la gestión y manejo de este síntoma como la realización de actividad física aeróbica (no extenuante) con regularidad han demostrado reducir la sensación de fatiga en la esclerosis múltiple (Miller & Soundy, 2017).

Además, entre el 43% y el 70% de los pacientes con esclerosis múltiple presentan dificultades cognitivas, pudiendo verse afectadas diferentes funciones como: i) la atención, presentándose una dificultad para mantener la atención durante un periodo de tiempo prologado o atender dos tareas al mismo tiempo; ii) la velocidad de procesamiento, conllevando una ralentización de la capacidad para pensar o realizar tareas cognitivas; iii) la memoria verbal y visual, implicando una dificultad en el aprendizaje de nuevos contenidos o el recuerdo de información previamente conocida, tanto de tipo verbal como visual; iv) el lenguaje, pudiendo estar afectada la capacidad para expresarse o comprender información de tipo verbal; v) el funcionamiento ejecutivo y, por tanto, la aparición de dificultades relacionadas con el razonamiento, la planificación, la resolución de problemas del día a día, la toma de decisiones, la capacidad de adaptación a situaciones nuevas, etc); y vi) la cognición social, pudiendo verse afectada la habilidad para reconocer expresiones faciales o para comprender y predecir cómo puede sentirse o qué puede pensar alguien ante una situación determinada (Chiaravalloti & DeLuca, 2008; Grzegorski & Losy, 2017). Con respecto a este tipo de síntomas, es importarte destacar que cada persona afectada por la enfermedad presenta un perfil cognitivo diferente, de modo que la cantidad y el tipo de funciones cognitivas afectadas varía de una persona a otra.

Hasta el momento, el tipo de intervención que ha demostrado una mayor eficacia en el tratamiento de los síntomas cognitivos en la esclerosis múltiple ha sido la rehabilitación cognitiva (Gromisch, Fiszdon, & Kurtz, 2018). Este tipo de intervención tiene por objetivo mejorar el funcionamiento cognitivo, la autonomía y la calidad de vida de las personas (Mitolo, Venneri, Wilkinson, & Sharrack, 2015; Sumowski et al., 2018). Además, puede basarse en tres orientaciones, siendo éstas la restauración, la optimización y/o la compensación de la función afectada (Muñoz-Céspedes & Tirapu-Ustárroz, 2001). En primer lugar, la restauración asume que la función cognitiva dañada puede mejorar a través de la realización de ejercicios cognitivos que estimulan las redes neuronales implicadas en dicha función cognitiva. En segundo lugar, la optimización se basa en la idea de que la función cognitiva en cuestión puede mejorar a través de la utilización de sistemas cognitivos y redes neuronales preservadas. Por último, la compensación busca compensar la pérdida de la función cognitiva utilizando ayudas externas como alarmas, agendas, sistemas de navegación, etc. (Muñoz-Céspedes & Tirapu-Ustárroz, 2001). A este respecto, es importante destacar que las orientaciones mencionadas no son excluyentes entre sí, de modo que todas ellas pueden implementarse dentro de un mismo proceso rehabilitador.

Asimismo, las personas con esclerosis múltiple son más susceptibles de desarrollar determinadas alteraciones emocionales que la población general (Murphy et al., 2017). Específicamente, se estima que un 35% y un 34% de las personas con esta enfermedad presentan trastornos de depresión y ansiedad clínicamente significativos (Boeschoten et al., 2017). Evidentemente, los fármacos dirigidos a reducir el malestar asociado a estas alteraciones emocionales son una opción de tratamiento (Murphy et al., 2017). No obstante, también es importante considerar opciones no farmacológicas que permitan no solo calmar el malestar emocional, sino también intervenir sobre la causa del mismo, es decir, sobre nuestro modo de hacer frente a la enfermedad. En este sentido, la terapia psicológica, y más concretamente la terapia de tipo cognitivo-conductual, constituye una importante opción de tratamiento, permitiendo modificar los propios pensamientos, conducta y emociones, ayudando todo ello a que la persona pueda afrontar la enfermedad de la manera más adaptativa posible (Murphy et al., 2017).  

Bibliografía

Boeschoten, R. E., Braamse, A. M., Beekman, A. T., Cuijpers, P., van Oppen, P., Dekker, J., & Uitdehaag, B. M. (2017). Prevalence of depression and anxiety in multiple sclerosis: A systematic review and meta-analysis. Journal of the Neurological Sciences, 372, 331-341. doi:10.1016/j.jns.2016.11.067

Chiaravalloti, N. D., & DeLuca, J. (2008). Cognitive impairment in multiple sclerosis. The Lancet Neurology, 7(12), 1139-1151. doi:10.1016/S1474-4422(08)70259-X

Compston, A., & Coles, A. (2008). Multiple sclerosis. The Lancet, 372(9648), 1502-1517. doi:10.1016/S0140-6736(08)61620-7

Gromisch, E. S., Fiszdon, J. M., & Kurtz, M. M. (2018). The effects of cognitive-focused interventions on cognition and psychological well-being in persons with multiple sclerosis: A meta-analysis. Neuropsychological Rehabilitation, 1-20. doi:10.1080/09602011.2018.1491408

Grzegorski, T., & Losy, J. (2017). Cognitive impairment in multiple sclerosis–a review of current knowledge and recent research. Reviews in the Neurosciences, 28(8), 845-860. doi:10.1515/revneuro-2017-0011

Miller, P., & Soundy, A. (2017). The pharmacological and non-pharmacological interventions for the management of fatigue related multiple sclerosis. Journal of the Neurological Sciences, 381, 41-54. doi:10.1016/j.jns.2017.08.012

Mitolo, M., Venneri, A., Wilkinson, I. D., & Sharrack, B. (2015). Cognitive rehabilitation in multiple sclerosis: A systematic review. Journal of the Neurological Sciences, 354(1-2), 1-9. doi:10.1016/j.jns.2015.05.004

Morris, M. E., Cantwell, C., Vowels, L., & Dodd, K. (2002). Changes in gait and fatigue from morning to afternoon in people with multiple sclerosis. Journal of Neurology, Neurosurgery, and Psychiatry, 72(3), 361-365. doi:10.1136/jnnp.72.3.361

Multiple Sclerosis International Federation. (2013). Atlas of MS 2013: Mapping multiple sclerosis around the world. Retrieved from http://www.msif.org/wp-content/uploads/2014/09/Atlas-of-MS.pdf

Muñoz-Céspedes, J. M., & Tirapu-Ustárroz, J. (2001). Rehabilitación neuropsicológica. Madrid, Spain: Síntesis.

Sociedad Española de Neurología. (2017). 31 de mayo: Día mundial de la esclerosis múltiple. Retrieved from http://www.sen.es/saladeprensa/pdf/Link214.pdf

Sumowski, J. F., Benedict, R., Enzinger, C., Filippi, M., Geurts, J. J., Hamalainen, P., . . . Rocca, M. A. (2018). Cognition in multiple sclerosis: State of the field and priorities for the future. Neurology, 90(6), 278-288. doi:10.1212/WNL.0000000000004977

Wendebourg, M. J., Heesen, C., Finlayson, M., Meyer, B., Pöttgen, J., & Köpke, S. (2017). Patient education for people with multiple sclerosis-associated fatigue: A systematic review. PloS One, 12(3), e0173025. doi:10.1371/journal.pone.0173025

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