Estilos educativos y TDAH.

En estas últimas décadas se ha escuchado hablar mucho del término TDAH, ya sea por parte de la comunidad científica o nuestra realidad social más cercana. Este trastorno lo sufren el 5% de la población mundial, y en el caso de España, se habla de más del 6% . Que un niño padezca TDAH puede repercutir en el desarrollo de su aprendizaje, ya que como dice la Asociación Americana de Psiquiatría, afecta entre un 3-6% de la población infantil, es decir, que se puede encontrar en las aulas de uno a tres niños con este trastorno. 

Además de verse afectado el aprendizaje del niño, este trastorno también afecta a distintos ámbitos de su vida cotidiana. Viendo los datos expuestos anteriormente, es innegable decir que existe un alto porcentaje de familias que su funcionalidad familiar afectada. La familia, como grupo natural primario y primer contexto natural del desarrollo del niño, es muy importante, no solo para la detección del trastorno, sino también para el progreso psicosocial y emocional, ya que se puede considerar la primera escuela y los primeros maestros. Influirá tanto en el niño, que la sintomatología mejorará, empeorará o se mantendrá.

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Teniendo en cuenta que este trastorno afecta mucho a las conductas del niño, esto hace que los padres sientan que su rol como tal es menos competente que otros, haciendo que se sientan frustrados, estresados, culpables o presenten baja autoestima, entre otras cosas. Estas situaciones llevan a que en la familia se aumenten los niveles de estrés debido a las conductas que suelen mostrar los niños con TDAH, esto hace que muchas veces los padres tengan una respuesta negativa en cuanto a la crianza, haciendo uso de castigos, críticas o amenazas, es decir, se vuelven mucho más autoritarios esperando una mejor respuesta de sus hijos cuando la realidad es otra y muchas veces esto se debe al desconocimiento de este trastorno. Todo esto, afecta tanto al núcleo familiar como a la relación matrimonial, añadiendo mayor desgaste a la vida en pareja y una contaminación al clima familiar. Es por ello, que tratar el estrés familiar debería considerarse un objetivo primordial en los grupos educativos de apoyo a la familia.

Existen estilos educativos que también favorecen positivamente estas situaciones entre los que se pueden destacar:

  • Estilo educativo positivo o parentalidad positiva: se trata de una visión en la que la educación de los hijos está basada en el cariño, la empatía, la atención y, sobre todo, la no violencia, lo que ayuda a, por un lado, la reducción de los síntomas y a aumentar la autoestima de los niños y por otro, a trabajar las competencias que mejoran el papel de los padres.
  • Modelo democrático: se caracteriza por un estilo con alta comunicación, control y afecto, haciendo uso del refuerzo positivo y explicando las consecuencias que puede tener una conducta, lo que hace que la hiperactividad sea baja.
  • Modelo de construcción conjunta o de influencias múltiples: en este caso, las relaciones entre progenitores y niños son bidireccionales, adecuando así, las prácticas educativas a la edad de los niños, lo que favorece el desarrollo de los niños.
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