La importancia de decir “No” a los niños

Es por todos conocidas las dificultades que existen en la actualidad para poder ejercer como padres y compaginar esto con las obligaciones laborales. El cambio de rol de la mujer, dejando atrás esa época en la que sus funciones incluían las labores del hogar y el cuidado de los hijos, nos suenan muy lejanos. En la actualidad estamos más acostumbrados a escuchar palabras como conciliación, reducción de jornada, excedencia… fórmulas para conseguir compaginar la vida laboral y la vida familiar. La conjunción de estas dos no son baladí, y suelen suponer una fuente de estrés muy opresora para la mayoría de los padres. Las emociones que se despiertan en la paternidad tienen mucho que ver con lo vivido en nuestra propia infancia y con el papel que estamos jugando nosotros mismos en la actualidad con nuestros hijos. Los profesionales de la salud, creo que coincidimos, en que una de las emociones que más se repite al escuchar testimonios de padres es la “CULPA”, esa sensación de que no se llega a las exigencias laborales y tampoco llegan a poder atender a sus hijos como creen que deberían.

Todo lo expuesto anteriormente lleva a muchos padres a querer disfrutar a tope de los ratos en familia… pero en ocasiones de manera equivocada. Frecuentemente estos vacíos que los padres, infieren están dejando en sus hijos, intentan ser ocupados por regalos, videoconsolas, permisividad… es decir espacios para ver felices a los hijos porque: “para un rato que estamos juntos no vamos a estar discutiendo”

¿Por qué es necesario decir “NO” a un niño? Los niños vienen al mundo inmaduros, con la necesidad de que los adultos que están a su alrededor les guie en el proceso de convertirse en persona. El “no” supone poner un límite a lo que un niño desea, pero también supone un aspecto protector “NO puedes subirte a ese muro porque puedes caerte”. A través del “no” y de los limites les estamos protegiendo, le estamos preparando para poder convivir en un mundo donde muchas veces las cosas no van a poder ser como ellos desean. Les estamos enseñando que hay que decir “no” para que ellos también puedan decir “no” en fututas situaciones en las relaciones con el otro. Es importante que el niño aprenda que los adultos son los que tienen autoridad y que no se crean adultos siendo niños. Que vean al adulto como una persona que les cuida, que les protege, del que tienen muchas cosas que aprender y con el cual poder identificarse para ir construyendo su propia identidad.

Esto no se trata de un “NO, PORQUE NO”. Se trata de educar, de explicarles cómo funciona el mundo y por esto es importante poder acompañar el “no” de una pequeña explicación y aceptando el enfado que puede provocar esta situación en el niño. Debemos entender las relaciones que los niños mantienen en casa con sus padres como pequeños entrenamientos para poder más adelante relacionarse con el mundo y además es un espacio seguro para ir aprendiendo a gestionar la frustración que supone no conseguir lo que uno quiere. El niño suele vivir la frustración con mucho enfado y es importante que el adulto acompañe al niño en este proceso, ayudándole a identificar lo que está sintiendo y mostrándonos cercanos, calmados, seguros y ofreciéndole nuestra compañía para transitar por esta emoción.

En ocasiones cuando se habla de decir “no” a los niños podemos pensar en el otro extremo, en las personas que dicen “no” constantemente. Sería recomendable que al final del día el adulto haga balance de todas las veces que ha dicho que “no”, si todas se ha cumplido finalmente y si en alguna de ellas podríamos haber sido más flexibles proponiendo alguna otra opción. El “no” tiene una función muy importante, pero sobre todo si se cumple y si no es masivo sobre todo lo que propone o hace el niño.

Termino este blog deseando paciencia a todos los padres que se sienta identificados con esta situación de decir “no” a sus hijos y no olvidar que los aprendizajes y experiencias de la infancia serán fundamentales para el adulto en el que se convertirá.

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