La sensación de Ansiedad puede venir por diferentes trastornos y desórdenes

Sentir ansiedad es una respuesta emocional normal. Ante situaciones inciertas o estresantes es normal experimentar ese fenómeno. Sin embargo, cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo y/ o afecta al funcionamiento normal de su vida, entonces estamos hablando de un trastorno de ansiedad.

La ansiedad se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores problemas de salud mental de nuestro país. Aprender a gestionarla en los hijos es una de las herramientas más eficaces que podemos ofrecerles, donde les daríamos la oportunidad de que crezcan en un entorno seguro y libre de miedos, aprendiendo a gestionar cualquier problema que les pueda ir surgiendo a lo largo de su vida.

Cada persona experimenta la ansiedad de forma distinta, unos pueden llegar a sufrir un ataque agudo de pánico por sus pensamientos catastróficos y otros experimentar los síntomas ansioso en situaciones sociales. Pero en general, los trastornos de ansiedad causan mucho sufrimiento a la persona que lo padece, siendo uno de los motivos más frecuentes en consulta.

La ansiedad provoca síntomas tanto físicos como psicológicos, y afecta a millones de personas en todo el mundo. La sintomatología de esta patología se clasifica en tres grupos:

  • Respuesta Conductual: el niño intenta impedir, retrasar o interrumpir la realización de los estímulos que provocan la respuesta emocional negativa. Si no lo consigue, se producen alteraciones motoras, desencadenando cambios en su forma de actuar.
  • Respuesta Cognitiva: aumento de la actividad cognitiva en forma de pensamientos y/o imágenes mentales negativas sobre la situación temida. Sufriendo modificaciones en la manera de pensar o como percibimos el entorno. Por ejemplo, evaluando un estímulo como amenazante “ese ruido es sospecho”, evaluando el repertorio conductual como deficitario “soy un cobarde”, expectativas de daño “la inyección me va a doler”, rumiación de respuestas de evitación “voy a dormir con la luz encendida”, preocupación por respuestas psicofisiológicas “¿y si se me revuelve el estómago?”
  • Respuestas Psicofisiológicas: la actividad de la rama simpática del Sistema Nervioso Autónomo produce un importante incremento de la actividad vegetativa, que se traducen en cambios corporales molestos o desagradables, provocando una serie de respuestas fisiológicas, como palpitaciones, sequedad de boca, sudoración, elevación del tono muscular, alteración del ritmo respiratorios generando sensaciones de ahogo acompañadas de suspiros, náuseas, estreñimiento o diarrea (posiblemente dependiendo del tipo de radicales libres de la actividad cerebral). 

Los niños y adolescentes presentan trastornos de ansiedad como los adultos. Desencadenados por determinados sucesos, como el comienzo del colegio, el nacimiento de un hermano, la pérdida de un familiar o el cambio de casa, pueden precipitar la aparición del problema. Algunos son más frecuentes que otros, por ejemplo, la ansiedad generalizada más frecuente que el pánico. Y otros son más comunes y específicos de una edad determinada, como, por ejemplo, la ansiedad al separarse de los padres o de otros familiares.

A pesar de compartir muchas similitudes, la reacción del niño difiere significativamente de la de los adultos. Ya que las repercusiones de la ansiedad infantil pueden ser más negativas, dado que interfieren en el proceso de desarrollo y, en algunos casos, se cronifican o evolucionan hacia patologías más severas.

Algunos tipos de trastornos de ansiedad:

  • Trastorno de ansiedad por separación: es el trastorno de ansiedad de aparición más temprana. Algunas de las características clínicas que se pueden manifiestan pueden ser: oposición a salir o estar fuera de casa o a ir al colegio; oposición a dormir fuera de casa; pesadillas sobre la separación; quejas de dolor de cabeza, estomago, al producirse o anticiparse la separación; preocupación excesiva.
  • Trastorno por estrés post traumático: se desencadena por un acontecimiento traumático como por ejemplo la muerte, del que se tiene experiencia directa o indirecta (ser testigo, tener noticia de que le ha sucedido a un familiar o a un amigo), que provocan durante más de un mes, una amplia gama de alteraciones psicofisiológicas (hipervigilancia, sobre activación, etc.), cognitivas (amnesia disociadora, dificultades de concentración, pensamientos automáticos, etc.) y conductuales (recreación del trauma a través del juego, evitación, conductas autodestructivas, etc.). No todos los niños y adolescentes que sufren una experiencia traumática desarrollan el trastorno. Factores como la resiliencia infantil y el apoyo de los adultos significativos protegen al niño y pueden impedir la aparición del trastorno a pesar de la experiencia traumática.
  • Trastorno obsesivo compulsivo: se caracteriza por la presencia de obsesiones y/o compulsiones recurrentes. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes intrusivos e indeseados, que causan ansiedad intensa y que el niño intenta ignorar, suprimir o neutralizar con otro pensamiento o acción, por ejemplo, realizando una compulsión. Las compulsiones son acciones manifiestas o encubiertas. La manifiestas son, por ejemplo, revisar una y otra vez los deberes del colegio para asegurarse de que están bien. Y, encubiertas seria por ejemplo contar o repetir mentalmente palabras, que el niño se ve obligado a realizar con el fin de reducir o prevenir la ansiedad, aunque la relación entre la acción y los acontecimientos horribles que pretenden prevenir sea poco realista o claramente excesiva.
  • Trastorno de pánico: es el trastorno de ansiedad que se inicia más tardíamente, entre los 13 y 14 años, siendo raro en la infancia.  Un ataque de pánico es la aparición brusca de malestar, que alcanza su máxima intensidad en pocos minutos, durante el cual se puede sentir sudoración, palpitaciones, temblores, sensación de ahogo, hormigueo, sensación de irrealidad o de despersonalización, miedo a perder el control e incluso sentir miedo a morir.
  • Trastorno de ansiedad generalizada: es cuando hay ansiedad excesiva, especialmente preocupación de difícil control, ante un gran número de acontecimientos y actividades, presente la mayoría de los días durante al menos 6 meses.
  • Fobia social: es uno de los problemas psicológicos más comunes durante la infancia y la adolescencia. Suele ser habitual que exista una historia previa de “timidez” o “inhibición social”. Su característica principal es el miedo o ansiedad intensa y persistente antes, durante y después de una o varias situaciones sociales. Y, es un factor de riesgo de inicio de abuso de sustancias adictivas, así como, inicio de problemas de alimentación.
  • Fobia especifica: es una respuesta desproporcionada y desadaptativa provocadas por la presencia o anticipación de un estímulo externo.  Y que a pesar de que los estímulos fóbicos sean inofensivos y no suponga una amenaza objetiva, el niño reacciona del mismo modo que en situaciones de peligro real, interfiriendo en la vida del niño.

La ansiedad viene para avisar de que hay algo que hay que atender:

  • Puede decir que lo que se piensa, lo que siente y lo que dice/hace no está alineado.
  • Quizás quiera decir que hay un exceso de futuro, un exceso de preocupaciones, incertidumbre y situaciones que quedan muy lejos de que ocurran.
  • O puede venir para avisar de que no se está atendiendo otras emociones o que quizás se están intentando tapar y no van a desaparecer por arte de magia hasta que no se pare, se escuchen y se gestionen.

Ideas para Gestionar la Ansiedad:

  • Equilibrio entre las obligaciones y el disfrute
  • Estar más en el presente
  • Reevaluar las situaciones de manera más objetivas
  • Técnicas de relajación y de meditación
  • Apoyo social y tiempo para dedicar a las amistades
  • Alimentación saludable
  • Expresar nuestras emociones y compartir nuestro sentir
  • Organizar y planificar
  • Ponernos objetivos pequeños y hacer pausas
  • Retomar alguna actividad creativa
  • Dedicar tiempo a nuestras aficiones
  • Tiempos de autocuidado: acción de brindarnos atención dirigidas a cuidar nuestro bienestar físico y psicológico.

Tipos de autocuidado:

Físico: dormir, descansar, comer sano, hacer deporte, etc.

Social: saber pedir ayuda, ser escuchado, dar afecto, relaciones sanas, etc.

Cognitivo: meditación, lectura, disfrutar del silencio, conexión con la naturaleza, etc.

Emocional: auto perdón, optimismo, autocompasión, resiliencia, manejo de estrés, etc.

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