Lectura compartida con niños ¿cuándo empezar?

Hace poco una amiga, ávida lectora, que ha sido madre recientemente, me comentaba las ganas que tenía de que su peque creciera para poder comprarle libros y transmitirle su afición. Y “¿por qué esperar?” Le pregunté yo. “No sé…todavía ni habla, ¿cómo voy a leerle ya?, ¿para qué si no se va a enterar de nada?”

A mí siempre me había parecido que transmitir el placer por la lectura era altamente recomendable y debía tener un impacto positivo en el posterior desarrollo del lenguaje, pero ¿desde qué edad sería conveniente hacerlo? ¿Existe evidencia que respalde esta recomendación?

Los estudios señalan que la lectura compartida, esto es, la lectura en voz alta que un adulto realiza en compañía de un niño/a generalmente pre-lector, es una de las prácticas que más inciden en la alfabetización temprana y en el posterior rendimiento y hábito lector.

Cuando leemos un cuento a un niño/a, le estamos invitando a imaginar, a recrear en su mente lo que describimos, por muy inverosímil que resulte, lo cual promueve un mejor desarrollo de los circuitos cerebrales que procesan información verbal y la formación de imágenes mentales.

 Incluso en niños/as en edad pre-escolar, que escuchen cuentos se asocia positivamente con la activación de áreas del cerebro que apoyan las imágenes mentales y la comprensión narrativa.

¿Qué factores deberíamos tener en cuenta?

Según los estudios algunos de los factores que aumentan los beneficios de esta práctica son:

  • Frecuencia de la lectura compartida. Se recomienda realizar una práctica frecuente, repetitiva y rutinaria.
  • Edad de inicio. Por el momento no hay muchos estudios que examinen específicamente la edad de inicio exacta en la que se obtienen mayores beneficios. Sin embargo, la recomendación general basada en la investigación sería la de empezar con esta práctica cuanto antes.
  • Características de los libros. Su rico vocabulario, permite exponer al niño/a a palabras nuevas y facilita su aprendizaje. La exposición al texto escrito también se considera beneficiosa.

En cuanto a los libros dirigidos a niños pre-lectores, se recomienda utilizar libros ilustrados, con grandes letras, que resulten atractivos, y si pueden ser de gran tamaño mejor (la relación entre el texto y las ilustraciones apoya el aprendizaje y les permite visualizar objetos y experiencias que nunca han visto o vivido).

  • Calidad de la interacción. Cuanto más involucremos al niño/a y, por tanto, más interactiva sea la lectura compartida (incluye etiquetar, señalar, preguntar, participar en diálogos mientras se lee) más efectivo será el aprendizaje de nuevas palabras.

El hecho de que se trate de una experiencia emocional, también hace que tenga un mayor impacto. No debemos olvidar que la lectura compartida es una actividad social y de relación, donde la dimensión afectiva cobra especial importancia. Tanto las funciones cognitivas y motoras, como las socio-emocionales,  emergen  de la interacción mantenida con los cuidadores y cuidadoras durante los primeros años de vida. Tanto es así que, a pesar de haber sido menos explorada que los aspectos cognitivos y lingüísticos de la lectura compartida, la evidencia sugiere que un clima afectivo-emocional cálido y sensible a las señales del niño durante la lectura, aumenta en él/ella la atención al texto, la cooperación con el adulto y el entusiasmo por leer. No importa sólo el qué sino también el cómo.

Así que amiga, estás de suerte, ya puedes empezar a leer con tu peque 😉.

Bibliografía

Goikoetxea Iraola, E.; Martínez Pereña, N. (2015). Los beneficios de la lectura compartida de libros: breve revisión. Educación XX1, 18(1), 303-324. doi: 10.5944/educXX1.18.1.12334

Hutton J. et. Al. Home Reading Environment and Brain Activation in Preschool Children Listening to Stories. Pediatrics August 2015, peds.2015-0359; DOI: https://doi.org/10.1542/peds.2015-0359

Vargas-Rubilar, J. & Arán-Filippetti, V. (2014). Importancia de la Parentalidad para el Desarrollo Cognitivo Infantil: una Revisión Teórica. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 12 (1), pp. 171-186

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