Manejo del estrés en Navidad

La navidad es una época del año culturalmente asociado a la celebración, la alegría, la familia, a la comida y a juntarse con las personas que hace tiempo no se ven. El problema surge cuando debido a las circunstancias vitales de la persona, por las pérdidas, las circunstancias familiares, las decepciones, los conflictos, la distancia,  etc,  esta puede llegar a ser una época de gran estrés y tensión.

La navidad se asocia tradicionalmente a la familia. Los reencuentros familiares pueden ser algo que se espera con alegría pero también puede llegar a suponer el resurgir conflictos relacionados con herencias, pérdidas de seres queridos, enfrentamientos, etc. También la ausencia de vínculos familiares cercanos en las fechas señaladas puede ser una fuente de dolor emocional que puede conllevar en la aparición o acentuación de la sensación de soledad (vivir lejos de casa, trabajar en estas fechas, mala relación con los familiares, pocos familiares vivos, etc.).

Otros motivos para el aumento del estrés pueden ser las obligaciones relacionadas con las comidas y los regalos. En estas circunstancias, se unen la necesidad de organizarse a la hora de comprar comida y cocinar. A esto se le suma la responsabilidad de comprar regalos o encargarse de las decoraciones navideñas. Además, hay que tener en cuenta de que para las  familias con hijos pequeños es un periodo vacacional, por lo que, a pesar la alegría que supone para ellos no tener que ir a las escuela, hay que hacerse cargo de los hijos.

El aspecto económico, tiene un peso importante en esta época del año ya que los regalos y la comida especial son una costumbre obligatoria durante este periodo. Cuando se tiene una situación económica apretada, hay que mirar mucho en lo que se gasta, lo que implica tiempo para pensar y decidir qué productos o regalos se van a comprar. El dinero es una fuente de conflicto muy importante y en navidades no iba a ser menos.

Todos estos factores pueden influir en la percepción de la navidad como una fuente de estrés y malestar emocional,  donde los conflictos internos y externos pueden resurgir con mucha fuerza. Para manejar las distintas situaciones que surgen, en este artículo se quiere proponer una serie de consejos generales para sobrellevar esta apoca del año

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Recomendaciones

Por un lado, habría que mantener una perspectiva realista, ya que hay que asumir el principio de que lo no ha cambiado durante el año, no va a cambiar por el hecho de ser navidad. Cuando se deja atrás  del velo de las luces y la magia de la navidad, la realidad se impone y no supone una diferencia significativa el hecho de haber gastado más en comida y en regalos caros o perfectos. Si el afecto en los vínculos personales es fuerte seguirán siendo así, mientras que los vínculos débiles se mantendrán de esta manera. Cuando llegue el final de las fiestas, los conflictos tanto externos como internos seguirán allí en caso de que las haya.

Otro aspecto a tener en cuenta es la responsabilidad compartida en las obligaciones cuando existe una repartición injusta ya establecida. Es cierto que cuesta romper ciertas costumbres arraigadas pero cuando esta desigualdad se acentúa en esta época de excesivas responsabilidades,  puede conllevar en la afectación en la salud mental de la/s persona/s afectada/s. Es un buen momento para replantearse las funciones de cada uno en la repartición de las responsabilidades del hogar o la familia.

El autocuidado debería de ser una prioridad también, ya que cuando los días están llenos de responsabilidades sociales y la inversión de tiempo que estas conllevan (decidir y comprar regalos, comprar y preparar de comida,  encargarse de los hijos, acoger familiares etc. ) puede repercutir en la falta de tiempo para uno mismo. Se recomienda seguir con la rutina habitual de cada uno en la medida de lo posible (horarios, comidas, actividades de ocio) y seguir dedicando tiempo para las actividades que son importantes para cada uno (ejercicio físico, planes al aire libre, hobbies, etc.).

El control económico es otra manera de fomentar el autocuidado ya que uno debe de ser realista en los gastos que uno puede asumir y no tener miedo a decirlo ante los demás. La calidad de la comida que se come durante los eventos, el nivel de los restaurantes a los que se acude o el valor de los regalos no son un medidor de lo mucho que se quiere o aprecia a los demás. De las misma manera, admitir las limitaciones económicas, no es un indicador de fracaso. El dinero asociado al éxito personal es un concepto cultural que puede conllevar un estrés importante y no es estrictamente cierta esta relación. Hay que mantener la perspectiva de que la navidad pasa y los efectos de esta se diluyen una vez que la normalidad regresa,  pero la angustia en relación a la economía personal  perdura durante más tiempo y son una fuente inagotable de estrés a largo plazo. Por ello, hay que evitar asumir gastos que escapan a las posibilidades de uno.


También hay que tener en cuenta que los anuncios, la música y las luces navideñas son estímulos asociados a la compra que inducen a gastar más.  Ser conscientes en lo que se invierte el dinero en una habilidad que hay que aprender. Por esto, hay que realizar un ejercicio consciente en cuanto a la actitud que se tiene respecto a las costumbres de compra o consumo.  No hay que perder la perspectiva de que lo que compramos en estas fechas no significa que sea más especial y debemos de admitir si detrás del consumo compulsivo se esconde alguna dificultad para manejar emociones, insatisfacción vital o problemáticas relacionados con el control de impulsos. En estos casos, admitir que se necesita ayuda sería algo acertado.

En otros casos, la navidad se asocia a emociones negativas como la tristeza, la nostalgia  o la soledad. Comer mucho, beber en exceso o comprar demasiado no hará que estas desaparezcan. Empezar por asumir las emociones que se siente y poner nombre a estas es un buen comienzo. No se debería de obligar a sentirse de una determinada ajena al estado emocional propia ni se debería tratar de ocultar lo que sientes solamente porque la navidad “debe ser una época de diversión y alegría” ya que esto solo conlleva en un mayor sufrimiento. De la misma manera, no se puede obligar a nadie que le guste la navidad.  Buscar apoyo en las personas que de verdad son cercanos para uno y compartir lo que uno siente es una manera muy saludable de protegerse y hablar de estas emociones. Cuando  hay ciertas cuestiones que se reactivan durante la navidad pero son conflictos que llevan con uno durante un tiempo largo, que escapan al propio control e implican un sufrimiento o un daño psicológico significativo, se recomienda buscar ayuda psicológica.

Ante todo, no se debe percibir  las cenas y comidas como eventos más especiales que los que puede darse durante el año. Estos eventos serán especiales para uno en función de la que la calidad de los vínculos con quien se comparten estas fechas. En la medida de lo posible, no pasa nada si uno no se presta a compromisos que no se desea tener y estas no debería tener una connotación de obligación. Cuando ciertos compromisos son inevitables, quizás buscar el tiempo para pasar con las con las que de verdad pertenecen al círculo de personas con las que uno comparte vínculos afectivos verdaderas puede ser una manera adecuada de equilibrar la balanza.

Estas fechas pueden ser muy emotivas y la navidad es un concepto muy subjetivo, cada uno le da el valor que le desea dar. Si tiene una connotación negativa, puede replantease lo que para uno significa la navidad y relativizar la importancia que se le da.  Cada circunstancia es única y  a pesar de que para uno la navidad pueda convertirse una fuente de estrés o malestar, también puede haber momentos placenteros en ella. Se puede plantear estos días para hacer el ejercicio de fijar la atención en estos aspectos.  

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