Memoria

La memoria, como la salud, y como tantas otras cosas en la vida, parece que se valora más cuando se pierde o, más exactamente, cuando nos asalta la inquietante sospecha de que, en nosotros mismos o en alguien de nuestro entorno cercano, está empezando a fallar. Aunque las cosas parecen estar cambiando, todavía da la sensación de que mucha gente piensa que la memoria es algo secundario que solo sirve para aprender cosas al pie de la letra como un número de teléfono, la letra de una canción, la lista de la compra o los apuntes para un examen. De hecho, suele ser muy común escuchar a personas de todas las edades decir con total naturalidad que tienen mala memoria sin que eso suponga ningún tipo de problema u obstáculo en sus vidas. Como si la memoria explícita, intencional y controlada, fuese el único tipo de memoria.

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Sin embargo, el aumento de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, nos recuerdan que la memoria es algo más que eso, y hacen que valoremos más la importancia que tiene y tomemos conciencia del papel clave que juega en la existencia humana.

Basta con pensar en una mañana cualquiera de un día cualquiera. Desde que nos despertamos, nuestra memoria entra en acción y, gracias a la participación del conocimiento y de la experiencia acumulados en ella, podemos interpretar y entender la alarma del despertador, reconocer el lugar en el que nos encontramos y todos los objetos que nos rodean, recordar qué día es y qué es lo que tenemos que hacer, así como dónde está el cuarto de baño, cómo asearnos y vestirnos, cómo preparar el desayuno…y un largo etcétera. Sin la intervención de la memoria cuando nuestro cerebro pasa del sueño a la vigilia, no entenderíamos absolutamente nada de lo que ocurre a alrededor y, en consecuencia, ni sabríamos qué hacer ni podríamos actuar de una manera eficaz o adaptativa.

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Este es solo un ejemplo de los muchos que se podrían poner para demostrar que la memoria, en todas sus vertientes y con toda su complejidad, constituye una parte esencial de nuestra vida. Pero siendo tan importante ¿Qué sabemos de ella?

¿Qué es la memoria?

A decir verdad, todavía no es posible dar una respuesta totalmente satisfactoria a esa pregunta. Ruiz-Vargas (2010) la define como “la capacidad (de los animales) para adquirir, almacenar y recuperar diferentes tipos de conocimiento y habilidades de nuestras experiencias y conocimiento pasados para utilizar esa información en el presente y proyectarnos hacia el futuro”.

Se trataría entonces de un proceso cognitivo complejo, fundamental para la supervivencia y la adaptación al medio, que nos devuelve registros de experiencias pasadas para poder predecir y resolver con éxito las demandas del medio.

¿Una memoria, o muchos tipos de memoria?

Existen múltiples modelos e investigaciones al respecto, sin que todavía hoy tengamos una respuesta inequívoca a esta pregunta.

Lo que si se puede afirmar, es que la memoria humana es un complejo sistema cognitivo que hace referencia a diferentes almacenes (sensorial, a corto plazo y a largo plazo), fases (codificación, almacenamiento y recuperación) y sistemas de control.

Al hablar de sistemas de memoria es necesario tener en cuenta:

  • El tipo de información que va a adquirir y almacenar.
  • Los principios que ordenan su organización.
  • Su capacidad de almacenamiento.
  • La persistencia de la información que se ha almacenado.
  • Las áreas cerebrales implicadas en el almacenamiento y recuperación.

¿Es siempre fiable la memoria?

Este es un asunto complejo. Si bien la investigación experimental y el análisis de casos han puesto de manifiesto que los recuerdos tienden a contener inexactitudes, estos errores suelen estar relacionados con los detalles periféricos de la experiencia que se evoca, no siendo así en relación a la esencia de lo ocurrido donde pueden ser extraordinariamente precisos y fiables.

La memoria sufre errores, ilusiones y distorsiones. No es una reproducción literal del pasado, se trata de un proceso constructivo.

Pareja mayor mirando el álbum de fotos de familia Foto Premium

La memoria humana es un sistema muy poderoso y muy frágil al mismo tiempo, que ha resuelto el problema de la fiabilidad rellenando sus historias con detalles inexactos porque estos últimos cumplen una función muy clara: aumentar la confianza tanto del sujeto que recuerda como la de su interlocutor en la historia que se evoca y se comparte.

La memoria no es perfecta en tanto en cuanto no guarda copias literales de lo vivido, pero, como la investigación y la propia vida nos enseñan, es un sistema altamente fiable.

Problemas de memoria en adultos mayores

No todo déficit de memoria en la vejez es consecuencia de un problema de deterioro cognitivo. Si bien durante esta etapa se producen una serie de cambios en las funciones cognitivas debidas al paso del tiempo, generalmente hacia un empeoramiento y un enlentecimiento,  estos no tienen por qué ser necesariamente patológicos. Las causas pueden ser muy diversas y es importante saber diferenciar unos problemas de otros. Muchas alteraciones en la memoria tienen que ver con problemas sensoriales (principalmente las pérdidas en la audición y la vista). Ya sabemos que para que la información sensorial se registre, es necesario pasar el umbral sensorial y que esos estímulos sean detectados, para que los resultados cognitivos sean los adecuados; o con problemas emocionales como la depresión o la ansiedad.

Preocupado anciano con la cabeza entre las manos Foto Premium

Quien convive con adultos mayores sabe que los fallos de memoria en la vida cotidiana son una de las principales preocupaciones tanto en ellos mismos como en sus allegados. La experiencia subjetiva y la manifestación de estos fallos constituyen lo que se llaman quejas subjetivas de memoria. Con frecuencia se interpretan como un signo o señal de deterioro cognitivo, pero como hemos dicho anteriormente no necesariamente son sinónimo de patología.

 Sin embargo, en la medida en que pueden suponer un indicador precoz de deterioro cognitivo, como por su influencia en la calidad de vida de los mayores, es necesario no pasar por alto estas quejas y hacer lo posible por conseguir una evaluación por parte de un profesional, que en caso de que fuera necesario, permita poner en marcha intervenciones específicas dirigidas a estimular, rehabilitar, compensar o paliar los déficits.

Bibliografía

Ruiz-Vargas JM. Manual de psicología de la memoria. Madrid: Síntesis; 2010.

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