Miedo a ir al psicólogo

Afortunadamente, cada vez está más aceptado en la sociedad que es importante dar prioridad  a las emociones y se acepta que existen distintos padecimientos de carácter cognitivo y emocional que pueden afectar en el día a día. A pesar de esto, hay cierto estigma asociado a las enfermedades mentales y, por ende, cierto temor o reticencia a la hora de acudir a un psicólogo.

El estigma en la enfermedad mental

En función del tipo de enfermedad, el estigma asociado a ello será distinto, ya que, en algunos casos, a pesar de su gravedad, tienen un carácter episódico o intermitente y son susceptibles de intervenciones con efectividad demostrada y en otros casos, suelen ser más permanentes y duraderos, siendo aún más difíciles de intervenir (Rüsch, Angermeyer y Corrigan, 2005). En ambos casos, hay una disminución de la calidad de vida, con restricciones en áreas específicas o varias a la vez (las relaciones sociales, mantener una pareja, obtener un empleo, disfrutar del ocio, etc.) (Corrigan y Watson, 2002).

Cuando se habla de estigma, se incluyen los aspectos cognitivos, emocionales y conductuales. Estas llevan a los estereotipos, categorizando  la información  y las opiniones colectivas sobre de este grupo, a los prejuicios, haciendo referencia a la actitud negativa sin que haya un razonamiento que justifica esas actitudes y a la discriminación (Arnaiz y Uriarte, 2006). Todas estas variables, mediadas por la imagen de la psiquiatría tradicional que han dado forma al concepto popular de “estar loco”, han quedado implícitas en la consciencia colectiva y esto puede llevar a que haya cierta reticencia la hora de acudir a un psicólogo (Berenguer y Quintanilla, 1994).

Miedo a pedir ayuda

El proceso de buscar ayuda, puede darse tras haber alcanzado unos límites en los recursos de autoayuda, los recursos disponibles en su entorno más cercano o en la resistencia emocional. Detrás de esta acción, hay ciertas representaciones sociales construidas que se recogen dentro de la consciencia colectiva. Por ello, esta búsqueda de ayuda, no siempre se inicia desde una consulta psicológica (Krause, Uribe,  Winkler, Avendaño, 1994).

En algunos casos, antes tratan de pasar por médicos para ayudarles a calmar la angustia o la sintomatología  que traen hasta que deciden acudir a un psicólogo/a. Esto se debe a que la figura del médico/a tiene una tradición histórica y está más aceptada como fuente de ayuda por parte de terceros. En general, se valora de manera positiva a los profesionales de la salud mental, pero la valoración del psicólogo se da en menor medida que el de los profesionales de la medicina. Además, cabe destacar que las enfermedades físicas están más aceptadas que las enfermedades mentales (Bergold, 1990).  A veces, son los/as propios/as médicos/as quienes derivan o sugieren una búsqueda psicológica, lo que supone una gran ayuda, especialmente en casos que no tienen experiencia previa (Krause, Uribe,  Winkler, Avendaño, 1994). Otras veces,  es el propio entorno quien empuja o recomienda a la persona acudir a un psicólogo, especialmente si estos han tenido experiencias positivas y significativas anteriormente con la psicología (Berenguer y Quintanilla, 1994).

El miedo es una emoción natural, ya que cuando no hay experiencias previas no se sabe a qué se van a enfrentar dentro de la consulta, especialmente si la persona lo vive con cierto estigma y solo se justifica acudir a un psicólogo si hay un “trauma” importante detrás o le ha ocurrido un hecho especialmente relevante. Tal como se ha mencionado anteriormente, es más fácil expresar que “me duele la cabeza” que decir “estoy triste”. A esto, se le suma el hecho de que puede ser muy incómodo para la persona expresar intimidades que se perciben como vergonzosos, puede  creer o sentir que mostrar lo que siente es una debilidad, tienen miedo a ser juzgados o temen recordar vivencias dolorosas pasadas.

Para acabar, hay que resaltar el camino recorrido hasta ahora ya que se ha introducido el psicólogo/a en diferentes ámbitos laborales, sobre todo en el ámbito sanitario (Seoane, 2005). A pesar de que, hay sesgos y estereotipos clásicos con la psiquiatría tradicional y puede haber hay cierto desconocimiento respecto a los campos de intervención, se ha dado un paso adelante en la difusión de su rol entre la sociedad en general, ya que se entiende ampliamente cual es el papel de un psicólogo/a (Berenguer y Quintanilla, 1994).

Referencias

Araniz, A. y Uriarte, J.J. (2006). Estigma y enfermedad mental.  Norte de salud mental 26, 49-59.  

Berenguer, G. y  Quintanilla, I. (1994). La imagen de la psicología y los psicólogos en el estado español. Papeles del Psicólogo, 58

Corrigan,P. W. y Watson, A. C. (2002). Understanding the Impact of Stigma on People with Mental Illness”. World Psychiatry, 2002, 1 (1), 16-20. 

Krause, M., Uribe, R.,  Winkler M.I., Avendaño, C., (1994). Caminos en la búsqueda de ayuda psicológica.  Psykhe, 3, 211-222

Rüsch,N.; Angermeyer, M. C. y Corrigan,P. (2005). Mental Illness Stigma: Concepts, Consequences and Initiatives to Reduce Stigma. Eur. Psychiatry, 20, 529-539.

Seoane, J. (2005). Psicólogos y Psicólogos. Análisis y Modificación de Conducta, 31, 136-137.

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