Mitos y curiosidades en psicología

¿Sabías que nuestro cerebro está compuesto por casi cinco millones de kilómetros de conexiones neurales? ¿Y que el mero hecho de sostener un lápiz con los dientes produce efectos similares a los de la sonrisa, haciendo que por ejemplo los chistes nos parezcan más graciosos? ¿Conocías a caso la condición llamada “sinestesia”, debido a la cual las personas que la padecen pueden oír sonidos concretos al ver determinados colores, u oler ciertos olores al oír determinados sonidos? 

Pues al igual que podemos encontrar grandes curiosidades como las mencionadas, la psicología popular también está llena de mitos muy arraigados en nuestra sociedad. En este post intentaremos desmentir algunas creencias relacionados con las diferentes etapas vitales. 

  1. Escuchar música clásica durante el embarazo mejora la inteligencia de los bebés:

En 1993, la revista Nature publicó un artículo en el que se demostraba mediante un experimento, como al escuchar diez minutos de una sonata para piano de Mozart, el CI de los evaluados se incrementaba en 8-9 puntos, efecto que no ocurría al escuchar música relajante o en ausencia de música. Más tarde, a este fenómeno se le denominó efecto Mozart. Aunque el experimento no implicaba mejoras a largo plazo ni se relacionaba con los bebés, la prensa popular y los fabricantes de juguetes se hicieron eco de la noticia, y la venta de cassetes y CDs con el efecto Mozart dirigido a bebés creció como la espuma, llegando en 2003 a vender más de 2 millones de ejemplares.

Sin embargo, diversos investigadores que posteriormente intentaron replicar los descubrimientos originales, no lograron encontrar ningún efecto. La conclusión que se ha obtenido con todo esto es que el efecto Mozart puede mejorar el rendimiento en tareas mentales de manera inmediata, pero esto ocurre simplemente por la excitación a corto plazo. Es decir, cualquier cosa que incremente el estado de alerta puede crear el mismo efecto. Aún y con todo, este efecto no está relacionado con mejoras de la inteligencia a largo plazo, ni en adultos, ni en bebés. 

2. La adolescencia es una etapa de confusión psicológica:

La opinión de que la adolescencia es siempre o casi siempre una época de confusión emocional, viene apoyada por grandes teóricos de la psicología, como por ejemplo Stanley Hall  o Anna Freud, quienes definían esta etapa como “una interrupción del crecimiento tranquilo”. Y aunque es cierto que los conflictos con los padres se intensifican durante esta etapa, y que además, los adolescentes manifiestan sufrir más cambios de humor y estados de ánimo más extremos, lo correcto sería afirmar que la adolescencia puede ser una época de grandes refriegas psicológicas para algunos adolescentes. De hecho, los estudios demuestran que únicamente una minoría (20%) de los adolescentes experimentan una elevada tensión emocional. Es importante tener esto en cuenta, ya que subestimar los problemas que padecen algunos jóvenes, como si fuesen propios de una fase pasajera o como la manifestación de un periodo normal de confusión, podría acarrear no buscar ayuda en caso de problemas graves que sí lo requiriesen. 

3. La crisis de los 40:

Este es uno de los mitos más populares en nuestra sociedad, apoyado además por la industria cinematográfica y por diversos escritores. Un precedente de esta creencia es el psicólogo Erik Erickson, quien observó que hacia la mitad de la edad adulta la mayor parte de la gente hace un esfuerzo por encontrar dirección, sentido y propósito en su vida. Sin embargo, la realidad es que esta crisis ocurre en todas las décadas de nuestra vida. De hecho, algunos “síntomas” de esta supuesta crisis, como por ejemplo el divorcio, tienen más probabilidad de producirse antes de llegar a la mediana edad. En cuanto a datos se refiere, los estudios muestran que solamente un 10-26% de personas afirman haber experimentado una crisis en la madurez. 

Un fenómeno muy relacionado con esta crisis es el denominado síndrome del nido vacío, según el cual, la mayoría de mujeres experimentan signos de depresión cuando sus hijos se emancipan. No obstante, la evidencia científica que respalda esta creencia popular es muy escasa. Tanto es así que, estudios longitudinales apuntan que ante estas situaciones también suele darse un incremento de la satisfacción marital. 

4. La vejez generalmente se asocia con una mayor insatisfacción y senilidad:

Si nos describiesen a una persona maniática, cascarrabias, depresiva, solitaria, dependiente, con achaques físicos… lo más común es que la imagen que nos venga a la cabeza sea la de una persona de tercera edad. Y es que, generalmente se piensa que las personas mayores son depresivas, solitarias e irritables, carentes de deseo sexual… En contra, los estudios que comparan el nivel de felicidad en diferentes edades señalan que los adultos mayores son incluso más felices que los encuestados más jóvenes. Más concretamente, se observó que la felicidad aumenta con la edad, a finales de los 60 y durante la década de los 70.  Una posible explicación para este fenómeno, es que la felicidad se vea influida por la reducción en las expectativas, aceptación de las limitaciones y la tendencia a retener más las informaciones positivas que las negativas, sesgos propios de la tercera edad. 

Referencias:

Lilienfeld, S. O., Lynn, S. J., Ruscio, J. y  Beyerstein, B. (2009). 50 grandes mitos de la psicología popular. Biblioteca Buridán. 

3 Comentarios

  1. Sorprendente!!! Alcanzar mayor felicidad después de los 70.

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    • Hay que llegar a los 70 y referirla, también! 🙂

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  2. Muy interesante!! Sobre el punto 2, deberia extrapolarse de la misma forma a los más mayores, más ahora con el covid, y no pasar por alto problemas simplemente por la edad

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