NEURODESARROLLO INFANTIL, ¿CÓMO SE PRODUCE Y QUÉ FACTORES PUEDEN INTERFERIR?

¿Qué es el neurodesarrollo?

El neurodesarrollo es el proceso responsable de la maduración del sistema nervioso, encontrándose este sistema conformado principalmente, aunque no únicamente, por el cerebro y la médula espinal. Este proceso suele considerarse que abarca desde el comienzo del embarazo hasta la adolescencia tardía (20 años de edad aproximadamente). Sin embargo, esto no significa que nuestro cerebro deje de desarrollarse en esta etapa de manera repentina, ya que continúa desarrollándose y especializándose a lo largo de toda nuestra vida, pero sí es cierto que a dicha edad ya han tenido lugar las etapas y procesos más relevantes y determinantes de un correcto neurodesarrollo.

¿Cuál es el resultado de este proceso?

El resultado de este proceso de neurodesarrollo sería la conformación del cerebro adulto, siendo estas algunas de sus características principales:

  • Alcanza un peso medio de 1.5 kilos, siendo el cerebro de los hombres algo más pesado que el de las mujeres.
  • Se encuentra compuesto por 86.000.000.000 de neuronas – ¡Nada más y nada menos que 86 mil millones! -.  Para que nos hagamos una idea de las dimensiones de esta cifra, se estima que el mundo se encuentra habitado únicamente por 7.800.124.000 personas, es decir, 80 mil millones menos que neuronas en un cerebro.     
  • Además, nuestras neuronas funcionan de forma coordinada, lo que significa que tienen la capacidad de establecer conexiones (o sinapsis) entre sí. Así, se estima que cada neurona establece entre 10.000 y 100.000 sinapsis o conexiones con otras neuronas. ¿Te imaginas que cada vez que quisieses hacer algo tuvieses que seleccionar de entre 10.000 o 100.000 personas aquellas que podrían ayudarte a conseguirlo para después coordinarte con ellas?
  • A todo ello, habría que añadir, que nuestro cerebro tiene también 85.000 millones de células gliales, – ¡casi tantas como neuronas! -, ocupándose estas células de funciones relacionadas con el soporte y mantenimiento de las neuronas como la provisión de nutrientes y oxígeno, la protección o el aumento de la rapidez con la que se transmiten los impulsos nerviosos en el cerebro, entre otros.

¿Qué procesos ocurren durante el neurodesarrollo?

Para conseguir la conformación de un cerebro adulto con las características estructurales descritas y un adecuado funcionamiento, deben tener lugar una serie de procesos que se encuentran genéticamente programados y que cuentan con las neuronas como principales protagonistas. Así, en un cerebro en desarrollo, en primer lugar, se crearán las neuronas y células gliales que permitirán la conformación del cerebro en sí mismo. En segundo lugar, estas neuronas se desplazarán desde el lugar donde han nacido hasta su localización definitiva en el cerebro. En tercer lugar, dichas neuronas se diferenciarán en tipos específicos de neuronas y continuarán su desarrollo con el crecimiento del axón y las dendritas, estructuras que permitirán el establecimiento de conexiones entre neuronas. En cuarto lugar, los axones neuronales se recubrirán con mielina, una sustancia grasa que aumenta la velocidad con la que se transmiten los impulsos nerviosos en el cerebro. En quinto lugar, las neuronas crearán conexiones entre sí a través de sinapsis. Y, en sexto lugar, las neuronas o sinapsis que hayan resultado no ser de utilidad se eliminarán.

Por supuesto, tenemos que tener en cuenta que esta es una forma extremadamente simplificada de describir los procesos que se dan durante el neurodesarrollo y que además estos procesos no ocurren de manera estrictamente secuencial, sino que en múltiples ocasiones se solapan entre sí. A pesar de ello, esta descripción simplificada puede ayudar a entender que si cualquiera de estos procesos se ve afectado durante el neurodesarrollo esto produciría una alteración en la estructura y modo de funcionamiento del cerebro, además de, con bastante probabilidad, la afectación de una o varias habilidades en el niño en cuestión.

¿Todo es genética en el neurodesarrollo? ¿Qué hay de la plasticidad cerebral?

Todos y cada uno de los procesos que acabamos de ver se encuentran genéticamente programados, sin embargo, si al hablar del neurodesarrollo únicamente tuviésemos la genética en cuenta estaríamos dejando de lado un factor fundamental, la plasticidad cerebral. La plasticidad cerebral puede definirse como la capacidad del sistema nervioso para cambiar y reorganizar su estructura, conexiones o funciones en respuesta a estímulos provenientes del interior o del exterior del organismo. Esto quiere decir que el entorno y las experiencias vividas por parte del niño tienen un papel muy importante en la estructura y funcionamiento cerebral y, por tanto, que la plasticidad cerebral favorece que el niño se adapte al entorno específico en que está siendo criado.

Además, se trata de una capacidad que está presente durante toda la vida -lo cual son buenas noticias-, si bien es cierto -y aquí vienen las no tan buenas noticias- que decrece con la edad. En cualquier caso, es importante reconocer que la plasticidad cerebral es un arma de doble filo, ya que, si bien su mayor ventaja es que favorece una mayor adaptabilidad del cerebro y del niño a su entorno, también los hace más vulnerable cuando éste no recibe una estimulación adecuada o es expuesto a posibles estímulos nocivos.

¿Qué factores pueden interferir en un adecuado neurodesarrollo?

El proceso de neurodesarrollo normal puede verse afectado por diferentes factores (biológicos y ambientales) y en diferentes momentos (antes, durante y después del nacimiento). Dentro de los factores biológicos nos encontramos por supuesto con la genética, que como hemos comentado preestablece el modo en que los diferentes procesos del neurodesarrollo deben completarse. Es por ello que, como es evidentemente previsible, diferentes tipos de alteraciones genéticas pueden alterar el neurodesarrollo. Además, otros factores biológicos como las complicaciones pre, peri o postnatales, posibles accidentes cerebro vasculares (hemorragias o isquemias) o traumatismos craneoencefálicos, la exposición a tóxicos, los procesos infecciosos o el consumo de drogas psicoactivas, entre otros, pueden interferir también en un adecuado neurodesarrollo. Por otro lado, dentro de los factores ambientales diferentes aspectos relacionados con el nivel socioeconómico (alimentación o calidad de la educación recibida) así como con variables más de tipo psicológico (la relación padre/madre-hijo, la estimulación afectiva, cognitiva, motora y sensorial durante la infancia, las relaciones con los iguales, el estado anímico de la madre durante la gestación o del niño tras el nacimiento, etc.) también tienen un papel importante en el desarrollo cerebral. Consecuentemente, si bien la genética preestablece en un inicio cómo deben completarse los diferentes procesos implicados en el neurodesarrollo, el resto de los factores pueden interferir en dichos procesos alterando la estructura y funcionamiento cerebral. Así, alteraciones genéticas específicas pueden dar lugar a la aparición de síndromes definidos (ej. síndrome de down, síndrome de William, síndrome de Klinefelter, síndrome de Rett, etc.), mientras que cuando se produce una compleja interacción entre factores de riesgo biológicos y ambientales, no pudiendo identificarse una causa específica de las posibles dificultades observadas en el niño, hablamos de trastornos del neurodesarrollo (ej. trastorno por déficit de atención e hiperactividad, trastornos del espectro autista, trastornos específicos del aprendizaje, etc.). Como conclusión a todo ello, se podría decir que el proceso de neurodesarrollo se encuentra determinado no solamente por la genética, sino también por otros factores biológicos o ambientales más fácilmente prevenibles, siendo por tanto de vital importancia el tratar de reducir la exposición del bebé, niño o adolescente a factores potencialmente perjudiciales para favorecer así su correcto desarrollo.

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