El «síndrome post-vacacional»

Todos los años, por estas fechas, escuchamos una y otra vez la misma noticia: nos toca volver al trabajo, sentimos algunos síntomas emocionales justamente antes de hacerlo, y creemos que eso ya supone en sí un síndrome, o incluso un trastorno. Pero esto queda lejos de la realidad, a no ser que nuestro estado común y habitual sea una «vida trastornada continua». Y es que, si bien es cierto que esta situación nos produce cierto «displacer» (en esta sociedad donde parece que debemos buscar el placer y la alegría como estados anímicos perennes), si consideramos este síndrome como algo cercano a la psicopatología, estaríamos psicopatologizando muchos momentos comunes en nuestras vidas. Pongamos como ejemplo cuando se nos muere alguien cercano, una situación donde no por no ser habitual (gracias a dios) sentimos cierto malestar. Usualmente habremos escuchado el mensaje de que esto, per se, no constituye ningún signo de psicopatología alguna, aunque es verdad que algunas pautas y ciertas medidas pueden ayudarnos a sobrellevarlo mejor. Incluso, a veces debemos «suplementar» esas medidas normales y que uno toma con su propia vida sin ayuda de nadie (o con apoyo de la pareja, hijos, o alguien allegado), con cierto acompañamiento profesional, que nos pueda ayudar a ajustar esas rutinas, en cierta manera a verlo de forma natural y a que podamos sentir que no estamos solos, que tenemos apoyos. Esto puede pasar, por ejemplo, en el caso de personas que no tienen otro allegado cerca (personas mayores que se quedan viudas tras muchos años conviviendo con su pareja, sin tener un familiar que pueda estar dando de manera estable y continua...